jueves, 14 de noviembre de 2013

Árbol de vida y muerte.

Toda mi vida la he pasado observando las olas del mar, saboreando el aire salado y la brisa marina. El agua es un espejo claro frente a mi casa; Puedo ver los peces fluir con la corriente. La espuma del mar es blanca cuando hay, cuando el mar se agita y la oscuridad del fondo da miedo. Pero, generalmente, no hay espuma en la costa. El agua es tan clara y el clima tan agradable, que me basta y me sobra de motivos para amar al mar.
La inclinación de arena donde está mi casa cuenta con un árbol de ramas siempre disponibles para que pueda trepar; por las noches, si te subes a una de las ramas más altas de aquel árbol verás un remolino en el agua, iluminado por la luz de las estrellas y la luna. Los peces se pierden por aquel remolino. Los tiburones, las medusas y todos por igual. Me da miedo.
En el día puedo nadar con la seguridad y las agallas de un pez, pero, por la noche, la calma inunda la tierra y el viento, y aquel remolino que me habla se come lo que pasea a su cercanía
La pereza de las ramas desaparece con la llegada del viento, la brisa mese las enramadas dispersas. La brisa es una caricia destinada a susurrarte algo inentendible en la piel.
Cada noche me siento en ese árbol, sintiendo el roce del viento y escucho la espuma del mar galopante en el centro. El mar brilla y en mis ojos se siente llover.
La luna me llama, incitándome a entrar al mar a perseguir esas estrellas que se reflejan, tal como hacen los peces en este momento. Y cierro los ojos tratando de ignorar la tentativa, pues desde aquí soy capaz de ver como el abismo los traga.
La luna llora porque parece que no le escucho, y sé que sí lo hago.
No estoy en capacidades de mentir, he escuchado a la luna gritar por toda mi vida, y se que no falta mucho para que sucumba, porque yo mismo lo estoy esperando.
No trato de resistir aquello, solo sé que aún no es momento y mientras no lo sea, llorare junto a la luna, pues no hay nada más grande que la tristeza de hacerla llorar.

Solo estoy esperando a que la brisa deje de rozar mis pies, para detener la espuma con mi cuerpo y seguir la luz mientras mis brazos tocan las escamas de los peces… Solo estoy esperando a que este miedo se lo lleve el mar, con el fin de reducir el tiempo necesario para llegar a las estrellas.

sábado, 5 de octubre de 2013

Golpeando paredes.

Esta historia mis queridos amigos, fue el resultado fallido de un intento por probarme algo que no se qué es en un concurso, se los dejaré porque se que nadie entra a leerme, y más bien me estoy recordando a mi misma que lo pude haber hecho mejor.
{Una adaptación a cuento corto de "Los ángeles regalan sonrisas" la versión original de Tom y Alex, no la Pones.}
Disfrútenlo, o no.
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 Golpeando paredes.

–¿Para tomar aquí o para llevar?
–Para llevar, por favor.
El frío congela hasta la sonrisa más cálida; los latidos cesan, al igual que las respiraciones, y ese beep beep en la maquina del hospital sigue sonando.
Escucho el eco de los coches al pasar mientras camino fuera. En la Avenida el transito lucha por avanzar del mismo modo que lo hace la sangre en mis venas. Un caótico embotellamiento que me mantiene despierto.
El café humea y el vapor se eleva para desaparecer en el frío; el aroma a cigarro embriaga mis pulmones y creo que es una manera muy consciente de inconsciencia que me lleva a esa muerte que el tráfico en mis venas sigue queriendo evitar.
Beep beep.
Camino en línea recta, varias manzanas más allá de la cafetería y, sin mirar al grupo de personas que pasean por la acera, me adentro en el pequeño nido de búhos que es mi apartamento.
Dentro, escucho las voces de la televisión tratando de amortiguarse por una puerta entre abierta que solo logra que el sonido rebote por la rendijilla, hundiéndose en mi cabeza y removiéndolo todo por dentro.
Subo las escaleras y me encuentro con la soledad eminente que me persigue con cada paso que doy, y con una respiración profunda arrojo el morral a algún rincón de la habitación, dejando el café sobre el escritorio.
Las fotos colgadas sobre mi cabeza están tan estáticas como deberían estarlo, sin ningún movimiento que me recuerde a ti, sin dolor ni gritos ni el constante boom boom golpeando las paredes de mi mente, poniendo todo de cabeza allí dentro.
Entonces giro y no puedo evitar acurrucarme debajo de la toalla seca y áspera con la que me baño mientras veo el caballete cubierto por la tela de manta crema que descansa sobre un cuadro que nunca terminé. Y sin necesidad de poder ver el futuro ya puedo asegurar que nunca le terminaré.
El viento golpea contra el cristal cerrado, mientras las cortinas de la mitad abierta de la ventana danzan vivazmente de aquí para allá, golpeando frascos de pintura, pinceles y lápices.
Me froto los parpados, deseando tener el poder de regresar el tiempo con solo mover las manecillas del reloj. Pero vuelvo a abrirlos y el tic toc sigue avanzando de forma inmisericorde, dando golpecitos y enseñándome que el tiempo nunca se adelantará, ni se detendrá, ni retrocederá aunque sea la cosa que más deseé en este mundo.
Tic toc.
Y con cada giro o brinquito que da la manecilla sobre el número 12, me recuerda a mi mismo quebrándome la cabeza con el recuerdo de lo que jamás podré cambiar.
Las cuerdas de la guitarra están destrozadas al otro lado de la habitación; el olor a cigarro sigue filtrándose en mis pulmones a pesar de que el viento trate de esfumarlo.
Las campanillas, al golpearse, canturrean tintineantes gritos ahogados en mi cabeza, pero esta vez no hago nada. Esta vez no he de romperme.
Tic toc.
He pasado noches enteras sin dormir, días sin comer y racimos de horas en las que me pierdo.
Me pierdo. Como tú lo hacías.
De repente la pared tiene muchas historias que contar, de repente está llena de heridas y huellas que han dejado mis puños al marcarse sobre de ella. Incluso el color rojo en puntos parece una obra de arte, si me permites decírtelo. Pero jamás será mi mejor trabajo, sabes que ese te lo has llevado tú a donde sea que estés.
La verdad siempre fue mejor que las mentiras, ¿no es así? A veces me lo decías cuando de tus ojos llovían mares y brisas, cuando salías de ese cuarto blanco, o incluso cuando regresabas.
¿Recuerdas esa vez que me dijiste tu diagnostico? Esa fue la primera noche que quise, que deseé con todas mis fuerzas, que en realidad prefirieras decir la mentira sobre la verdad, aunque esta siempre viene a relucir, ¿me equivoco?.
Recuerdo que te abrace pero no dije nada, y tú tampoco, aunque por dentro mi mente había una revolución y el bombeo de mi corazón era el tambor de una marcha de guerra. La guerra siempre anuncia algo fúnebre.
Entonces, cada que tenías cita en ese frío lugar, yo te acompañaba y me quedaba fuera, esperando por ti. Y aunque tuviera que ir al trabajo siempre me quede allí contigo. Siempre.
Y todavía recuerdo la primera vez que te perdiste. ¿Lo recuerdas tú?.
La silla se mese y sonrío, me gusta pensar que aún sigues aquí.
Fue ese día en que tu madre salió con un cigarrillo en la boca mientras yo te traía de regreso de tu quimioterapia, ese día que odie tanto a tu madre que no pude ni mirarla a los ojos. Porque ella era un manojo de adicciones, y tu parecías una flor marchitándose entre mis brazos. Y eso me enfermó.
¿Cómo tú, que nunca habías fumado, o tomado, terminaste postrada a la muerte? Siendo que tu madre fumaba, tomaba, y se drogaba… y aún teniéndote así, lo seguía haciendo.
Probablemente ella desarrollaría después cáncer pulmonar. Tú tenías cáncer en los huesos y yo tenía un nudo creciéndome alrededor del corazón. La vida es así.
Esa noche me aseguré de hacerte compañía, contándote anécdotas y cuentos que yo mismo inventaba, hablándote sobre mundos con pastos rosas y fuentes amarillas. Recuerdo haberte dicho lo mucho que te quería y te prometí que te quedarías conmigo, que seríamos felices y te casarías conmigo. Y entonces, cuando no me contestaste. me asuste.
Creí que ya no respirabas, porque estabas allí sentada en tu cama sin decir nada, con los ojos clavados a la pared y las manos en el regazó, y entonces en la desesperación junte mi cabeza a tu pecho, queriéndome enterrar allí dentro, y escuché ese hermoso sonido de vida dentro de ti.
Cuando me separé al fin volviste a parpadear y te disculpaste.
–Lo siento, a veces me pierdo.
Y te perdiste, y lo seguiste haciendo.
Mi corazón se hizo un ovillo y lloré, abrazándote con fuerza a pesar de saber que te dolían los huesos. Pero no quería perderte, no quería que te fueras de mí.
Deberías venir pronto con una carta de permiso para “aterrorizar a Tom por no cumplir cierta promesa” Pero, ¿sabes qué? No necesitas esa carta, de hecho deberías venir pronto, pues necesito verte.
La siguiente noche vine preparado con ese caballete negro que ahora está enfrente de mí. Platicamos, hasta que solo fui yo quien hablaba, y no desaproveche la oportunidad y comencé a dibujarte, con cada pequeña facción y con cada pequeño detalle del que fui capaz.
Te arropé y te besé la frente, para que durmieras y no tuvieras que pensar en nada, deseando con todo mí ser que tus sueños fueran tranquilos, y que la enfermedad, y el dolor no te alcanzara mientras dormías.
Y así el reloj del tiempo siguió caminando, sin torcerse, sin regresar, sin cambiar; simplemente limitándose al tic toc que se volvió cada vez más cotidiano y más soportable.
O eso creí.
Cada día que pasaba te asemejabas más a mi pintura, áspera y sin mucho color, y al mismo tiempo dejabas de hacerlo, ahora luciendo la pintura más viva que tú misma.
Hacía una semana que los doctores te habían mandado a casa, alegando que ya no se podía hacer mucho más por ti. Me enseñaron ese día que en las quimios hay un mínimo porcentaje de éxito, que tu cáncer estaba muy avanzado, y si seguían solo lastimarían más tu cuerpo. Y yo les enseñe que no podían decirme eso sin que les golpeara.
Un buen día me limpié las lágrimas después de contarte un cuento de mi autoría sobre un conejo y el arma de un granjero, me enjuague el llanto y te pedí que te casaras conmigo, tu sonreíste y lloraste, al igual que yo. Te pedí que me contaras un cuento. Y fue hermoso, lo juro.
Otro muy buen día accediste a salir de tu habitación y te preparé un día de campo, compre muffins decorados y variedad de bocadillos de los cuales termine comiéndome la mayoría yo, y aún recuerdo esa sonrisa que aún hoy me mantiene en vela, y esa risa tan espectacular que me hizo recordar hacía cuanto que no la escuchaba. Te prometí que te cantaría la canción más bonita del mundo, y sonreíste, me besaste y me abrazaste, y yo pude escuchar esos latidos que tanto me gustaban, y en ese momento supe que esa ya la había encontrado.
Y te amaba, y lo sigo haciendo.
Yo no sabía nada sobre el cáncer, no más allá de lo básico: te mataba. Te mataba sin consideración de tu edad, raza o género, te mataba lenta y dolorosamente. Sin cura.
Empezaste a pasar la mayor parte del tiempo dormida, y cuando despertabas apretabas tus parpados con fuerza, deseando poder eliminar ese dolor. Y por un momento, deseé que volvieras a perderte para que así fuera.
Beep beep.
La maquina que se insertaba en tu cuerpo aún sigue sonando detrás de mis ojos, aún rebota en las blancas y lisas paredes, y aún provoca mil y un heridas aquí dentro.
He perdido la cuenta, ¿Cuántos tic tocs han pasado ya?
Tu madre se acercó a ti y a mí mientras dormías conectada a esa máquina, quedándose a tu lado, solo mirándote. Y aunque me molestase siempre de la mala persona que era ella, ese día no hice nada por fingir que no estaba allí.
–Va a estar bien –dijo. Y supe exactamente a qué se refería.
–Sí –quise contestar, y pensé que. quizá, ella no fuera tan mala madre como creía.
Había esperado a que despertaras toda la noche, sosteniendo tu mano, y cuando lo hiciste, cariño, me hablaste.
–Odio dormir, allí dentro nada me recuerda a ti.
De alguna forma, eso me hizo feliz. Te bese en los labios y te dije:
–Todo me recuerda a ti.
Pero algunas veces tus palabras no me hacían sentir de ese modo.
–Alguna vez creí que morir sería como caer al vacío, sin almohadas al final para detener tu caída porque no habría final –dijiste–. Sería como si tu mente cayera, y solo estuvieras esperando a que tu cuerpo toque fondo. Me daba miedo, quería que me sostuvieras de la mano y no me dejaras caer… –paraste y luego proseguiste– Ahora creo que morir es como levantar la tapa de una caja y dejar salir las mariposas –murmuraste, mirando a la nada–; sentirse libre por primera vez, descubrir tus alas y echar a volar sabiendo que para eso fueron creadas –me tomaste de la mano y sentí mi garganta arder–. Ahora ya no tengo miedo.
–No digas eso, suena a una despedida y tú no puedes despedirte, tú vas a vivir, Alex. ¿Me escuchas? –te mordiste el labio y bajaste la mirada, mientras ambos reprimíamos esas lágrimas que se acunaban en la entrada de nuestros ojos–. Y te vas a casar conmigo.
Alzaste la mirada y preguntaste:
¿Aún piensas casarte conmigo?
–Lo haré, me casaré contigo –dije con seguridad.
Después de un tiempo había olvidado como lucía tu cuerpo antes de la enfermedad, había olvidado como sonaba tu risa y poco a poco también olvidé como lucía tu sonrisa.
Ya no despertabas, esta vez no era que te perdieras, era que despertabas tan pocas veces y cuando lo hacías tenían que sedarte porque el dolor de tu cuerpo malgastado no lo soportabas.
El tic toc se hacía cada vez más y más pesado, y aunque me hiciste prometerte que te dejaría ir cuando llegara el momento, no pude hacerlo. De hecho, aún no logro aceptarlo.
Esa noche dormí en tu cama porque así me lo pediste.
–Quiero que sepas que te amo –dijiste.
–Alex, te he dicho que no te despidas de mi, tu seguirás aquí…
–Conmigo –me interrumpiste– pero de verdad, Tom, quiero que sepas que te amo.
–Yo también te amo –mi corazón palpitó con fuerza, y con un esfuerzo mayor al que te permitían tus adoloridos huesos te pegaste a mí, abrazándome.
–Duerme.
–Pero recuerda que esto no es una despedida.
–Tom…
–¿Humm?
–Te amo.
Y aunque algo en mi corazón me dijo que no, golpeando con fuerza en mi pecho, dormí.
Al despertar te llame por tu nombre y no despertaste.
Un enorme pánico me invadió y comencé a gritarte hasta que tu madre subió y poco después los médicos me obligaron a separarme de ti.
Y me rompí.
¿Alguna vez has visto a una persona romperse?
¿Has visto como estalla en pedacitos, cómo se quiebra? ¿Y en lugar de escucharse llanto y gritos se escuchan aullidos que ni siquiera deberían ser humanos?  Bueno, tu madre y los doctores lo presenciaron ese día.
Y aunque me negué y no lo quería creer, no quería procesar la información de que habías muerto, lo tuve que hacer porque a pesar de parecer una pesadilla, era real y estaba ocurriendo.
Esta vez que te perdiste, no volverías.
Y las cadenas que me mantenían atado a la cordura se soltaron, y te llevaste contigo todo lo que más amaba.
Te amaba a ti.
Por supuesto, nunca te casaste conmigo y nunca te cante esa canción que te prometí. Y por primera vez me pregunte qué pasaría con tu madre, ¿Se embriagaría hasta no poder más? ¿Se drogaría hasta no despertar? ¿Enloquecería? Y por vez primera, viéndola allí con un cigarrillo en la boca y los ojos nadando en llanto supe que de verdad le dolía. Le dolía tanto como a mí.

Después de años aún me sigue doliendo cual herida recién abierta.

Y tenías razón, Alex, duele mucho menos cuando apagas tu cerebro, te pierdes, y golpeas paredes. 

lunes, 30 de septiembre de 2013

Los ángeles regalan sonrisas. [Parte 5]

Vale, vale, frutillitas, ¿Cómo han estado? Yo se que ya se morían de ganas por leer esto, y tengo la mitad de esta parte desde hace un mes pero quedo muy bastante asqueroso, por no decir otras cosas. Ya solo falta uno o quizá dos partes para acabar, y espero que esas lectoras fantasmas me dejen un review o dos si no quieren que los agarre con la escoba y el recogedor. Sin más que decir, espero que no vomiten porque yo no me hago responsable de limpiar. Je.

Los ángeles regalan sonrisas Parte 5.


Aún después de terminar 6 huevos (si, usó su función “aspiradora”) Dougie dejo su 2° panqueque intacto, salvo por las pequeñas hendiduras que le formaba el tenedor cuando pasaba sobre la mantequilla y el pan.

Tom miraba de reojo a su amigo preocupado por su estado de ánimo.

Por otra parte de la mesa, Harry era un chico muy divertido, decía cosas sin sentido y entre Danny y él se hacían bromas que causaban demasiada gracia para Tom, aunque estas no tuvieran mucha lógica.

-Y en esa temporada le gane 51 veces a Danny en todos los juegos de Marío Bros.
-¿Enserio?
-Yep,  y usando solo mi mano buena.
Harry alzo las cejas de forma presumida mientras Danny giraba los ojos.
-Canijo, si me rompiste la consola…
-¡Pero gane!. –Harry río con esa risa tan suya mientras le revolvía el cabello a Danny, quien le daba manotazos y decía a lo bajini “estate que me despeinas”. – Y Danny tuvo que lavar mi ropa interior por dos semanas. –De repente, su risa seso.- Les hizo un hoyo a todos mis bóxers.
La risotada de Danny fue tan estridente que Dougie dio un bote en la mesa y casi se vuelve a dar su segundo santo ranaso en el día. Miró por unos segundos al pecoso que reía como un descocido para después volver la vista a sus muy interesantes panqueques.
Tom miró a Dougie y frunció el ceño, y no fue el único en darse cuenta de que algo sucedía con el pequeño Poynter. Una mirada rápida entre Harry y Don Pecas basto para que Harry entendiera que debía dejarlos solos.
-Tom, ¿Has jugado alguna vez a los Angry Birds de Star Wars?
-¿Angry Birds?. –pregunto ladeando un poco la cabeza.
-¡Santo Dios!. –Harry se levanto, poniendo ambas manazas en la mesa, sobresaltando un poco al ojimarron.- Tienes que venir a probarlo. –Dicho y hecho, Harry se levanto y a grandes zancados alcanzo al rubio y lo haló fuera de la mesa, llevándoselo casi a rastras para llegar hasta el living donde poco después el sonido de la tv resonó en todo el apartamento.
Dougie siguió con lo suyo sin darse cuenta de que había quedado solo con el señor dientes de caballo. Danny lo observo por un rato, comprobando que su pecho se hinchase de aire o parpadeara para decidir si sí seguía vivo, o no.
-¿Te has llenado ya, panquecito? .-Danny estiro su cuello para quedar rostro a rostro con Dougie, proporcionándole un buen susto. El ojigriz se echó para atrás con los ojos bien abiertos, llevándose una mano al pecho.
-Por Dios, casi me causas un infarto... –Habló molesto, alejándose del ruloso.- Y ya va con los motes, Danny.
Danny sonrío con inocencia (fingida, obviamente) y se regreso a su asiento, divertido por el ceño fruncido del rubio.
-¿Por qué esa cara triste, osito gominola?. –Esta vez Danny dejo de reír, preocupándose por como Dougie escondía los ojos tras la mirada gacha y el flequillo.
-Y dale con los motes… -Hablo bajito Doug, sin mirar al pecoso frente de él.
-¿Te he dicho ya que tienes una bonita sonrisa?. –hablo el mayor.
Dougie alzó la vista dispuesto a darle una colleja y salir huyendo si el pecoso empezaba otra vez de osito cariñosito con él. Pero al ver la seriedad en el rostro de Danny solo pudo preguntar un bajo y torpe -¿Qué?
-Que si te he dicho que tienes una bonita sonrisa. –Pregunto el mayor apretando los labios, impaciente.
-He… -jugueteo con el mantelito de la mesa.
-Doug…
Dougie no contesto, se limito a dejarse vencer y depositó sus ojos grises sobre los marinos ajenos, dejándose desnudo, con sus inseguridades allí expuestas ante alguien más que no era él.
Para Danny, algo en su interior hizo crak, rompiéndose y provocándole un dolor que ni entendía ni quería entender, solo sabía que lo que lo provocó fueron  esos ojitos de plata aguaditos y tristes que estaban frente de él. Una gotita salada violo la seguridad del lagrimal de Dougie, y no pasó ni medio minuto cuando un pulgar ajeno se aventuró a secarlo contra la piel de sus pómulos. No sabría decir si pasaron segundos, minutos u horas, pero durante ese tiempo el mar y la plata se hicieron uno solo. De un lado se puede  mirar que el acero y el metal en realidad no son muy sólidos, pues se pueden derretir. Del otro lado, que la paz del mar puede llegar a calmar hasta la tormenta más deplorable.
-Si es por lo de las tortugas ninjas Dougie, no tienes porqué avergonzarte.
-¿Qué?
-Eso, que esas cosas molan y mucho, no es que allá creído que eras raro o me hubieras causado risa, bueno, si me causaste risa pero de la buena, ósea no me quería burlar de ti pero ¡Arg! Tú entiendes. –El pecoso se sobo las sienes mientras hacía un mohín con sus labios. Dougie solo pudo reírse de lo gracioso que le había parecido el parlancheo tan rápido del pecoso.
-Vale Danny, ya entendí. –Bajo un poco la cabeza mientras seguía riendo, aguantándose las ganas de echarse a carcajear.
-¿Te estás riendo de mi? ¿Te estas riendo de mi?. –Preguntó mientras fingía estar enojado.
-Jajaja Si. –Las manitas de Dougie bajaron a su estomago, donde trato de evitar que esas tremendas sacudidas que daba su cuerpo le hicieran botar las visera hasta la cocina.
Danny infló los mofletes y puso los brazos en jarras.
-¡Y luego uno es el que no quiere reírse de los calzones de tortugas!
Las mejillas de Dougie se tiñeron de rojo pero siguió riendo, ahora sí, permitiéndole a las carcajadas salir de su boca.
-¡Al menos no soy un rarito que al hablar no se le entiende!
-¿A si? ¿Eso piensas de mi? ¡Ven para acá!. –Danny saltó sobre Dougie (qué es mucho más bajito que él) y fue directo a sus costillas, picándoselas y queriendo tocar la marimba con ella, mientras el cuerpecito de Dougie se retorcía como lagarto y reía como descocido.
-¡Basta! ¡Basta!
-¡Ah no, aquí nadie me dice rarito sin que le haga tragarse sus palabras!
-¡Danny, basta!. –Dougie se retorcía entre las manotas enormes de Danny, mientras sus pies cedían de vez en vez y Danny tenía que sostenerlo y ponerlo de pie antes de que fuera a dar al piso.- ¡Danny, YAAA!
Dougie se echo hacía adelante inmovilizando a Danny con su propio cuerpo, abrazándolo por debajo de los hombros. Su cabeza entre el hueco de su pecho y su cabeza, respirando agitadamente. Danny dejo de reír ante los diminutos bracitos de Dougie a su alrededor, y segundos después acomodo sus brazos para envolver al menor y pegarlo más a su pecho, escuchando su respiración.
-Danny…
-Uhm?...
-Si…
-¿Si qué?. –preguntó mientras Dougie se separaba de él.
-Si me has dicho de lo mi sonrisa… -Dijo, tragándose toda la vergüenza, bajando la mirada para que el mayor no viera el color rojo en sus mejillas y la vergüenza en sus ojos.
-¿Si?, y entonces ¿por qué no sonreías, Doug?. –El azul del mar volvió a perderse en el plata, mientras el plata se perdía en el azul. Dougie miró a Danny, y Danny miró a Dougie, como si sintieran que haciendo eso todo en el mundo estaba bien.
-¿Hay alguna explicación para que no me crea que son del otro bando, y por lo mismo no piense que Danny todos estos años se ha fijado en mi mientras dormíamos en pijamas?. –Pregunta Harry cruzado de brazos, reprimiendo una carcajada, mientras a su lado esta Tom sonriendo, mirando a los dos chicos, mientras algo en sus dotes de Tom le dicen que algo hay entre esos dos.
Y como suele decir Dougie, el tío Tom nunca se equivoca.



lunes, 5 de agosto de 2013

Los ángeles regalan sonrisas. [Parte 4]

¡Bienvenidos mal aventurados a la parte 4! ¡Si, yupi! ¿No les ha dado diabetes ya?, vale, nunca hago cosas tan melocitas y acarameladas, pero es justa y necesaria una dosis de glucosa para el buen funcionamiento del tapado de arterias. Como no me mola mucho que mis perros se dejen sordos a ladridos, colgaré este capítulo ya para taparme los oídos con un almohadón.
Como pueden ver, les hice cafecito, vaya que ya me estoy encariñando con esto.
Psd: ¡Feliz 10° aniversario de McFLY!

Los ángeles regalan sonrisas Parte 4.


Dougie se despertó tumbado en una cama, tapado con 4 kilos de mantas y cobijas mullidas, con un suave aroma a tabaco y frambuesas llenándole la nariz. Se tocó la frente sintiéndola húmeda por el sudor de su cuerpo.

Escucho risas y el sonido de la play tras la puerta de la habitación donde estaba.

Esperen un momento…

Dougie miró a su alrededor reconociendo que este no es el pequeño cuarto en el que duerme, y que estas no son sus 4 kilos de cobijas (en primer lugar, porque él no tiene 4 kilos de cobijas), entonces se dispara y da un salto de la cama, cayendo sobre algo musculoso, calentito y muuuy comodito.

-¡Ahhh!

-¡¿QUÉ DEMONIOS?!

El pecho de Dougie sube al mismo ritmo que del sujeto parado frente de él, mientras instintivamente el rubio muestra sus movimientos de Jiu jitsuen que se acaba de sacar de la manga del pijama.

Esperen otro momento…

¡¿PIJAMA?!

En ese momento entran por la puerta un Tom y un Danny estrellando la puerta de la habitación, donde antes dormían muy calentitos un par de extraños. Casual.

-¿Se puede saber que está pasando?. –Pregunta Danny con el entrecejo fruncido.

-¡Este sujeto me asusto!. –Se defendió el más pequeño señalando al ojiazul.

El aludido se tiro a carcajearse mientras se sobaba el estomago.

-Dougie, el tiene nombre. –Le regaño Tom cruzándose de brazos.

-¿Si? ¡Pues discúlpame, pero nadie me lo ha presentado!

El musculoso ojiazul se recupera y sube una mano en señal de que paren.

-¡Hombre, este grita como mujer!.

El chico, y Danny-pecas-Jones sueltan en carcajadas y se dan apoyo entre ellos, pues al parecer el chiste ha sido tan gracioso que a aparte de no poder parar, no pueden respirar. Tom ríe un poco y Dougie lo mira con cara de "Pero que putas te sucede". Tom le mira pero en seguida se une a las risas entre los otros dos raritos, como si fueran amigos de toda la infancia.

-Dougie, este es Harry. –Suelta al fin Danny cuando recupera el aliento.- mi mejor amigo.

-Ah, mira tú, un gusto Larry.

-Es Harry. –corrigen los otros tres al mismo tiempo.

-Si bueno, un gusto Doggie.

-Es Dougie. –corrigen los otros tres, de nuevo.

Ambos se dan la mano, Harry con una ceja arriba, divertida, y Dougie con el ceño fruncido.

-¡Ya, vale! Después de dormir, bellos durmientes, ¿No gustan tomar el desayuno ya? Tom y yo los estuvimos esperando, pero me ruge el león. –Habla Danny poniendo los brazos en las caderas.

-¿Desayuno?. –pregunta Dougie con una pequeña sonrisa creciendo en sus labios.

-¡Claro! ¿O creías que te iba a echar a la calle sin antes ponerte en forma?, vamos, osito gominola, mueve tu trasero al comedor que muero de hambre.

Danny empuja a Dougie para que salga y palmea a Harry con una brillante sonrisa, y el castaño le mira de forma picara. Tom sigue a Dougie a la cocina mientras le habla sobre lo buena que estuvo la película de anoche y sobre como Danny y él se la habían pasado mientras dormía.

Aparentemente ambos chicos se habían levantado con la llegada de Harry, y cuando pensaban jugarle una broma al pequeño Dougie, lo encontraron dormido y tiritando de frío; así que Harry se ofreció a moverlo a la habitación, pero Danny fue quien le llevo en brazos cual princesa de Walt Disney. -Como había prometido hacer.-

-Dougie, ¿Un huevo o dos?. –pregunta Danny desde la cocina con un look bastante extraño. Dougie abre la boca para contestar pero Danny se adelanta y contesta por él. –Serán tres.

El ojigrizl frunce las cejas y deja caer su cabeza sobre el cristal de la pequeña mesa, mientras observa a Danny, Harry y Tom moviéndose en la cocina, estos dos últimos con un par de delantales "muy masculinos".

-Y… ¿Cómo es que tengo puesto un pijama?. –se atreve a preguntar con la mirada en los cubiertos y las mejillas más roja que la salsa de tomate.

-Bueno, es una historia de sustos, rubiecita. –Danny finge estremecerse y Harry suelta una risotada, a la cual Tom le da un zape como si fueran amigos de toda la vida.

Dougie levanta una ceja medio molesto, medio indignado porque por alguna razón de los dioses, desea enterarse de más detalles.

-Ah.

-Digamos que tienes una ropa interior que mola mucho.

Vaya, a los dioses sí que les gusta ver palidecer a Dougie en un segundo y atomatarlo al siguiente.

-¿Qu-qué dices?. –Tartamudea.

-Eso de las tortugas ninjas es cool, Doug, no tienes porque avergonzarte. –Se encoje de hombros reprimiendo una carcajada que Tom y Harry no son muy buenos en disimular.

Tom lleva los platos a la mesa y todos se disponen a desayunar, aunque Dougie preferiría que se lo tragase la tierra en esos momentos.

-Además que dices cosas muy lindas en sueños, chiquitín. –Listo, allá fue a dar el jugo de naranja que Dougie tenía en la boca.

jueves, 1 de agosto de 2013

lunes, 22 de julio de 2013

Los ángeles regalan sonrisas. [Parte 3]

¡He aquí yo, diosa de la purpurina y el queso! Buenos días a todos y todas {viendo pues, el fandom...} ¿Como están  ¿Ya listas para la gomita y los abrazos de osos cariñosos? veamos que sale esta vez, y no prometo mucho. En realidad, nunca lo hago.
Sin más que decir, espero que Santa este año les regale algo más que carbón, sinceramente ya estoy harta de eso y preferiría un Dougie Poynter... o dos.


Los ángeles regalan sonrisas Parte 3.


El problema con Dougie es que tiembla y tiembla como gato ronroneando, con el ligero cambio de que ni es un gato, ni esta ronroneando. El pobre rubito esta durmiendo en el sofá mediano del apartamento de Danny, mientras se acurruca y se pega lo más que puede a si mismo, para no congelarse y terminar cual muñeco de nieve.
Dougie sorbe la nariz mientras tirita en silencio, siendo consciente de que no va a poder dormir esta noche, y probablemente mañana no podrá ni moverse, y eso es por, a)cogió un terrible resfriado del polo norte o b)Se hizo cubito de hielo; y Dougie, sin duda, apunta a que va a ser la b. 
Tom suspira entre sueños, cubierto hasta el cuello con una ligera manta y las botas aún puestas. Dougie le mira y piensa que es muy mono, y si no fuera porque en verdad no puede moverse, seguro le cubriría con su propia manta.
Entonces sus ojos grises van a parar al techo mientras sus manos se cuelan entre el sofá y su cuerpo para acomodarse mejor su nuevo gorro de lana, y suspira. 
Los tres chicos se han desvelado viendo Star wars, devorando palomitas de maíz y la verdad es que si era un film bastante entretenido, tanto que a Dougie nunca se le presento Morfeo a echarle unos polvos para dormir. 
Y mientras recorre con la mirada la textura del techo, la mente de Dougie viaja directo a un pequeño inventario de lo que ha hecho hoy. Ese pequeño inventario que le recuerda que las personas son buenas.

Allí estaba la señora Lambert esa mañana, con las arrugas de sus ojos a causa del tiempo y la sonrisita que le estaba regalando a Doug, y eso era lo más valioso de ello, la sonrisa. La viejecita pasaba por esa ruta cuando iba al mercadillo cercano, a comprar la fruta y algunos caramelos para Anne y Todd, sus nietecitos. Y cada que se la encontraba, la bella mujer de pelo cano le sonreía y le acariciaba el corazón, regalandoles a Tom y a él algo de lo que había comprado. Y por eso las personas son buenas, porque tienen un corazón tan grande que algunas han aprendido a curar a los de los demás. Y Dougie constantemente necesitaba que alguien reparara el suyo.

Y es que la vida es bella, pero llena de tristezas, e insiste en que esa tristeza es lo que la enbellece, pero Dougie no podría estar seguro de ello. Y aunque vivía allí afuera desde los 12 años, su lista le recordaba que la crueldad humana no esta en todos. Y eso lo mantenía vivo y con una sonrisa dispuesta a aparecer en su rostro.

Suspira y juguetea con sus manos, sintiendo lo heladas que están mientras sus ojos se posan en los azulados ojos del pequeño Danny en esa foto.

-Te compro otra sonrisa.

Las palabras del ruloso aún se mantenían dentro de la cabeza de Dougie, y es que el pensaba que nunca jamas saldrían.
Recordó entonces las patas de gallo que se le formaban a los extremos de los ojos cuando sonreía, y ese bonito brillo en el mar de sus ojos, y también recordó el "chiquitín" y un color rojo inundó sus mejillas heladas. Y cómo los había invitado a dormir en su casa sin ninguna intención más allá de ser amigable, y cómo le había prestado su abrigo de camino a su apartamento para que no tuviera frío.
El rubio sonrió mirando la gran sonrisa dentro de la fotografía. 
Las personas son buenas, Danny lo era, y Dougie lo sabía.

Valentía atada a un cordón.

Una vez alguien corto un hilo que sujetaba un soldadito de plástico. Y el valiente soldado cayó al fondo y detrás de la cama. Y espero a que lo buscaran y lo regresaran arriba, y tuvo que esperar.
Y esperó. Y nadie nunca jamas se dio cuenta de que estaba allí abajo, incapaz de moverse cual plomo. Y él así se sentía, un soldado de plomo. Y nadie le dijo lo contrario. Y a pesar de sus grandes hazañas, nadie se dio cuenta de que faltaba, y nadie supo jamas lo que ocurría. Y el soldadito de plástico espero, y espero, pero nadie vino a por el. Y se olvido del día y la fecha del mes, y se olvido de los combates y su orgullo. Se olvido del sol. Y fue el destino quien hizo que horas, días, meses y años después el soldadito volviera a la luz del sol.
Pero Apolo es cruel y cual venganza tomó, una lupa y sus rallos y al soldadito de plástico derritió.
Y hasta su corazón de plomo quemó.

un niño descalzo sobre la acera y el musgo

El se fue a dormir con el corazón en el pecho, un niño descalzo caminando sobre la acera y el musgo. Y se escondió bajo la promesa de un cometa y un dinosaurio, y la atenta mirada de el santo colgado en su pared.  Se fue a la cama con las alas cortadas y la lluvia en sus ojos, con los juguetes rotos al igual que los sueños de niño. Y se olvido de Dios y sus clases de catequismo, y se olvido de que debió darle un beso a mamá. Pero mamá no estaba y ese era el problema, y jamas pudo besarle la mejilla una vez más. 
Y papá le grito mientras bebía promesas: ¡Los hombres no lloran, chiquillo, se un hombrecito! 
Y mamá no lo abrigo ni le quito las lagrimas que escapan de sus ojos. 
Y en realidad, nadie lo hizo.
Pero él esperaba que lo hicieran.

Soy y era hace una vez, una maquina polvorienta en el desván.

Soy y era hace una vez, una maquina polvorienta en el desván.
Una maquina que necesita aceite, pero nadie le pone más porque esta rota. Y cada noche cuando las luces se apagan, la maquina mira las luciérnagas y el fuego que las sigue. Y la maquina se siente incapaz de tocarlas, y es cierto, no puede porque no hay combustible dentro de ella. Entonces solo se limita a verles brillar junto a las estrellas, y entonces se da cuenta de que tan bello es todo eso. Y es feliz, aunque nadie le explico realmente que es ser feliz. Ella solo, cree que es esa palabra. Y entonces eso es realmente la belleza, y eso es lo que siempre debió haber sido.
Y cuando el sol decide prender las luces, las luciérnagas vuelven a irse, y las estrellas se esconden. Y es por eso que la maquina se olvida de lo que es ser feliz cada día de su vida.
Y nadie jamas le dirá que significa esa palabra, o lo intentara realmente. Y nadie nunca jamas le pondrá aceite.
A pesar de que lo necesite para tocar a las luciérnagas.

sábado, 13 de julio de 2013

Los ángeles regalan sonrisas. [Parte 2]

¡He vuelto! y si giran a la derecha verán un platon repleto de sandwiches, tomen uno para que puedan vomitar después de mi querido Pones. Les dejo de cacarear para que pasen y sean libres de sentarse cual varones mientras leen, igual, nadie les esta viendo.


Los ángeles regalan sonrisas Parte 2.   {POV Dougie.}


Seguramente alguna vez haz ido de visita a la casa de tu tía Petunia (todos deberíamos tener una tía Petunia) y te haz quedado cual estatua, bien derecho y sin moverte ni un milímetro con miedo a provocar una catástrofe cual efecto domino con solo querer ahuyentar una mosca. Vale, más o menos así de quieto estaba yo en la casa del pecoso.

-Vamos Dougie, relájate. -Habla Danny mientras destapa una cerveza.

-¿De verdad tienes la colección completa de Harry Potter? ¡Santo cielo, no sabes cuanto me ha costado conseguir los dos últimos!. -Tom parecía de lo más a gusto en el departamento de dientes de caballo, mirando tapas de películas y libros con los ojos brillantes en felicidad cual niño en jugetería. Me encojo en mi asiento y me acomodo mientras la mantita calentita se escurre por mis hombros y sorbo un poco de leche.

-Ah si. -Danny se acerca a Tom y le palmea el hombro mientras se ríe de mi amigo. -Cuando quieras te la presto Tom, más bien te los regalo si quieres, jamas les he leído, fueron un regalo de Vicky en navidad y la verdad no me molan mucho.

Tom haciente con un brillo inigualable en los ojos con la mirada más allá de los libros del joven mago, su mirada ahora esta trabada en algo que no distingo. Achino los ojos para tratar de encontrarle forma.

-¡¿Eso es la edición especial del episodio cinco de la guerra de las galaxias?! -Pregunta mi amigo con el cartel de "deseo" pegado en la frente.

-Yep, otro regalo de navidad que nunca vi. -le palmea una vez más el hombro y cada vez más pienso que es un tonto.- Puedes llevártelo, o verlo aquí, o ambos.

-¡Vale, vale!

-Rubiecita, ¿Quieres quedarte despierto con Tom y yo toda la noche?

-No, tengo que dormir... -frunzo el ceño por mi nuevo mote. Canijo.

-Cierto, me había olvidado que los chiquitines tienen que dormir, ¿te molestaría tener que dormir con la luz apagada? realmente quiero que mi recibo de luz baje unos euros este mes, ya sabes, la crisis...

-No. -replico molesto.- Pero mañana tenemos que trabajar y sería bueno que Tom también tratara de dormir.

Le he dado al clavo, pero no de la forma en que lo arregla todo porque la sonrisa de felicidad de Tom se esfuma y se esfuerza por tratar de no sonar desanimado. -Dougie tiene razón... -Danny nos mira y se cruza de brazos.

-¿Acaso no pueden considerar tomar un día de descanso?

-eh... no. -replico haciendo un mohin.

-¿Te han dicho que tienes una cara muy de risa?

Aparto la mirada de mi deliciosa lechita y le veo plantado ahí, con su cara de idiota.

-Ah, genial.

-Vamos Dougie, no te molestes solo estoy de broma. -se acerca a mi y me revuelve el cabello. Protejo mi lechita para que alguna de sus pecas no termine allí, o ah... eso no tiene sentido.

-Pues no me gustan las bromas, Danny, y mucho menos que me llamen rubiecita.

-Danny solo esta jugando, Doug, además, creo que sería lindo tomarnos un tiempo para disfrutar, ya sabes, solo se vive una vez y no puedes mal gastar tu tiempo pensando en dinero. -Tom se acerca a mi y se sienta a mi lado, haciendo una cara que sabe me va a convencer.- ¿A qué si?. -Su sonrisa es bastante Tom así que no tengo más remedio que asentir y tragarme las risas del ojiazul.

-Eso chiquitín, además, si te duermes a mitad de película te cargamos y te llevamos a la cuna, no hay problema.

Estoy a punto de contestarle un buen puñado de palabrotas y mandarlo a recoger nabos, pero parece que Tom a sido más rápido y el intro de la pelí ya esta pasándose por la pantalla. Tom nos calla con manotazos al aire, lo miró con curiosidad y espero a ver cuando parpadea, y espero, y espero, y espero... y espero.
Refunfuño un poco y me tapo más con la mantita, tomando un trago de leche y me acomodo en el sofá para ver la película, pero una foto en la mesita llama mi atención cuando veo al pecozo de niño junto a otra niña de bastante parecido, y supongo que es su hermana, pero vale, al menos ella no tiene esa cara de idiota gilipollas que porta Danny.
Igual, Danny es muy mono.

Si, mi amigo es un friki y si, si y si... cada día que pasa me convenzo de que me falta un tornillo.



El árbol de las mariposas

Creo que alguien me ha estado mintiendo.
¿Qué mi corazón dicta mis sentimientos?, ¿Qué las mariposas hacen fiesta en mi estomago cuando le veo?.
No, no es así.
Dicen que sí mi corazón no sirviera, yo no estaría aquí.
Qué sí mis pulmones fallan, me ahogare y moriré.
Y cualquier otro órgano es casi lo mismo.

martes, 21 de mayo de 2013

Los ángeles regalan sonrisas. [Parte 1]

He, hoy vengo con un nuevo proyecto que me ha pillado desprevenida [Si, ya se que aún no termino Los laureles del sol y mucho menos Ya es hora, pero vale, algún día], De este nuevo proyecto solo tengo una baga imagen en mi cabeza, y el resto de la idea debo agradecérsela a Garde [¡Hey!] Será un corto fanfic de McFLY, intentaré hacer un buen batido de Fludd y Pones. Así que... aquí vamos.

Los ángeles regalan sonrisas

Parte 1. 

El chiquillo rubiecito recibió el dinero con una sonrisa perruna totalmente agradecida, asintiendo con entusiasmo mientras recibía la bendición de aquella viejecita de cabello blanqueado de experiencia.
El ojiazul volvió a asentir una vez más antes de que la mujer asintiera con aprobación y le regalara un beso en la mejilla antes de alejarse.
Del otro lado de la calle Tom le saludo con la mano, y Dougie por un momento deseo estar a su lado compartiendo la manta grisacea que envolvía a su amigo, pero se olvido de esto cuando tubo que volver a ofrecer rosas para ganar el dinero que tanto necesitaban.
Dougie tenía unos escasos 17 años, mientras que Tom apenas tenía los 19, pero eso no era ningún problema para ellos, pues dicen que los jóvenes tienen más energía que las personas adultas, así que era indispensable esa energía si querían pagar la renta.
El sol no estaba pegando esa tarde, por lo que Dougie tenía entumidos los músculos y estaba adolorido hasta los huesos, aunque su nuevo gorrito de lana que le había traído la señora Lambert esta mañana era realmente tibio y le provocaba una sensación calientita recorriéndole todo el cuerpo, y no es porque fueran muy térmicos los hilos de lana, más bien era como si estuviera tomando una tasa de chocolate tibio, a un lado de la chimenea mientras mamá le sonreía al mismo tiempo que un malvavisco especialmente para el era asado en las brazas.
Si, a esa clase de calor me refiero.
El viento le llevo el frió a la punta de la nariz, donde puso los ojos viscos y arrugo la nariz mientras veía el pequeño copo de nieve acurrucado en su piel. Cosa del destino fue que en ese preciso momento estornudo haciendo una escena muy graciosa para una pareja que le dejo algunas monedas.
-¡He, esperen! ¡Les doy su rosa!. -gritó Dougie extendiendo la flor hacía la chica y el chico que lo miraron con una sonrisa agradecida y negaron.
Dougie exhalo y sonrió, y aunque la parejita ya se había dado la vuelta y era obvio que no lo estaban mirando, el movió su mano despidiéndose, sin borrar esa sonrisa de su cara.
Del otro lado Tom cantaba una canción y sus dedos recorrían las cuerdas de una vieja guitarra que el amaba demasiado. El rubiecito miro como algunas personas le pasaban de largo a su amigo y otras pocas se detenían a regalarle una sonrisa, que Tom agradecía cantando con más entusiasmo.
A veces las sonrisas valían mil veces más que el oro.
Pero eso no es algo que le puedas explicar al casero.
Dougie siguió ofreciendo las rosas y una cajita de chocolates, mientras movía su cabeza al ritmo de la canción de su compañero.
Era una escena muy tierna de ver, en especial para el joven ojiazul del cigarrillo en la mano, quien extendió un billete al hombre del puesto de revistas sin apartarle la vista al rubiecito del gorrito de lana.
Soltó el humo y sostuvo el cigarrillo entre sus dedos, antes de tirarlo al suelo y aplastarlo con la suela de su zapato. Se guardo la pitillera en el bolsillo de sus jeans y la revista bajo el brazo, recibiendo el cambio y embozando una sonrisa de grandes dientes y se acerco a pazo firma a Dougie.
-Hola.- sonrió el pequeñajo entrecerrando los ojos a causa de la forma de su cara.- ¿Gustas comprarme algo?
Danny le miró detenidamente unos instantes, hasta que descubrió que Dougie bajaba la mirada timido y un tiernicimo color rojo le inundaba las mejillas.
La sonrisa de Danny se extendió aun más.
-Te compro otra sonrisa.- hablo el ruloso haciendo que Dougie volviera a alzar los ojos por la sorpresa.
-¿Perdón que?.
-Que vuelvas a sonreír  tienes una sonrisa muy mona. -Dicho esto Dougie sonrió apenado y giró su vista al suelo, haciendo que las borlitas de su gorro le rozasen los pómulos de las mejillas.
Danny sonrió orgulloso, aunque se sentía un completo acosador pero que más da, si quieres decir algo en esta vida, hazlo, además, era la verdad.
-Ya va, dime, ¿Qué otra cosa vendes aparte de chocolates y flores?, soy alérgico a ambos.
Dougie volvió a alzar la mirada.
-Ah, solo eso...
Danny arrugo la nariz y se llevo una mano a la barbilla, de forma pensativa.
Su sonrisa dientona volvió a aparecer de repente, tanto que hizo que Dougie hiciera la cabeza para atras sin pensarlo.
-Damelos todos. -el rubio lo miro extrañado.- se las regalare a mi amigo Harry, a el le encantan estas cosas.
Vale, eso si era mentira... mas o menos, pero Danny había visto las condiciones en las que se encontraba el pobre chico y no había resistido a abrir su bocota y ayudarlo, aunque esto le costase gastar lo ultimo que le quedaba de la quincena.
-¿Todas? ¿Estas seguro?. -preguntó aún con más sorpresa mientras una gran sonrisa se extendía por su cara.
-Si, si. -Respondió con un gesto con las manos como restandole importancia, aunque en su interior su corazón daba un viaje directo a la luna por la felicidad del chiquillo parado frente a el. -Ten toma. -Danny le paso el dinero y Dougie emocionado tomo la cantidad, devolviendole apenas unas monedillas a Danny, quien arrugo la nariz un poco preocupado pensando que tendría que vivir a base de sopas Maruchan por los próximos días.
-¡No sabes cuanto te lo agradezco . -Dijó Dougie mientras le pasaba un ramo con las flores y dos cajitas casi repletas de chocolatinas.- ¡De verdad, hablo en cerio!
-Si, si, no tienes que agradecerme por na... -El estrepitoso estornudo de Dougie evito que Danny terminara la horación.
-¡Hay por Dios! ¡ Perdóname, te he estornudado en la cara!, ¡De veras que no fue mi...! ¡achú! -Danny parpadeo un par de veces más mientras se limpiaba la cara con la manga de su abrigo. Cuando dio cuentas de ello, Dougie lo estaba mirando horrorizado mientras se cubría con ambas manos la boca.
Y de nuevo el bombardeo de disculpas.
-¡Lo siento! ¡Perdona no era mi intención! y si quieres yo...
Danny puso su mano al frente para que se detuviera, tomo aire y comenzó a reír.
Dougie alzo una ceja y se giro para ver a su amigo Tom con la misma expresión que el.
-Lo... lamento -dijo entre carcajadas el castaño.- ¡Te las haz pasado! -dijó aún riendo, casi sin parar a respirar.- Lo siento es que... -Y de nuevo, volvió a las carcajadas.
Dougie se cruzó de brazos frente a el.
-Con un "No hay problema" me hubiera conformado.- hizo un mohin en su rostro parando las risotadas de Danny.
-Lo siento, es que me haz hecho el día, chiquitín  -Metió sus manos a sus bolsillos.- Hace frió aquí, creo que deberías volver a casa si no quieres coger un gran graaan resfriado.
Dougie se sonrojo y se maldijo por dentro.
¿Es que ese dientes de caballo podía ponerle aún más atomatado?
-Bueno, por hoy creo que tendremos que dormir en algún parque cerca.
La sonrisa de Danny se borro de su rostro.
-¿Qué dices?. -Saco su cabeza a un lado para ver por primera vez al chico castaño en la otra calle.
-El casero esta enfurruñado de que no le hemos pagado la renta, y no es conveniente que nos presentemos por allí esta noche. -una de la punta de los pies de Dougie se movía en el suelo sin darse cuenta y joder, a Danny le provocaba una ternura infinita.
-Bueno, chiquitín, dime como se llama tu amigo. -Pregunto el castaño y embozo una pequeña sonrisa.
-¿Tom? -se giró a verlo. - a si, Tom. -Sonrió afirmándose a sí mismo.
-Genial, yo soy Danny, que te parece si tu amigo y tu pasan la noche en mi casa, chiquitín?.
-Soy Dougie. -Se presento el rubio a falta de que le pidiera su nombre.- y no te preocupes por nosotros, estaremos bien.
-Insisto -volvió a hablar el castaño, y volvió a tomar la postura pensadora de momentos antes.- y creo que pareces más un chiquitín que un Dougie, chiquitín.
El rubio frunció el ceño y estaba a punto de contestar cuando Danny volvió a hablar.
-Ya, no te enfurruñes y dile a tu amigo que venga.
-¿Como se que no eres un violador?.
-Bueno si tantas ganas tienes te violo aquí y ya, de eso no hay problema. -Giro los ojos ante la mandíbula casi tocante de pisos que hizo Dougie.- vale, no soy violador, soy un simple chico que solo intenta ser amigable.- Dougie volvió a estornudar y Danny le paso un pañuelo.- y que no cojas un gran graaaan resfriado.
-Si ya entendí, gracias. -Dougie se limpio para dar paso a un gran bostezo, que de nuevo, solo hizo que se viera aún más tierno, como una cría de león rugiendo ferozmente cuando en realidad tiene más pinta de gatito.- solo haz lo que te dije, vamos. -le sonrió.
Una cálida sonrisa que hizo que a Dougie le diera un vuelco el corazón y sintiera de nuevo, por segunda vez en el día, aquel sentimiento de amor con gusto a chocolate y malvaviscos recién asados.
Asintió y siguió al mayor para cruzar la calle.
-Gracias, Danny... -dijo tímido.
Danny solo pudo embozar una sonrisa cariñosa.
-No hay problema, chiquitín.

lunes, 8 de abril de 2013

Los laureles sagrados del sol. [Parte 1]

Agito las cobijas con la punta de los pies hasta que cayeron al piso apilándose en un revoltijo que su madre haría recoger de inmediato si no fuera porque no estaba aquí.
Y que más hubiera ella deseado que tener a su madre moviendola un poco hasta despertarla de esa horrible pesadilla, de la cual, cada año es lo mismo.
Abrió los ojos de golpe, y se encontró de nuevo frente a un viejo televisor, unas cobijas empolvadas y la puerta semi-abierta por el aire frió que se colaba por la ventana. Giro los ojos a lo largo de la habitación mientras dejaba de clavar las uñas en la tela de la cama. Su respiración agitada fue lo que realmente le despertó,  pues estuvo a punto de gritar mientras seguía dormida.
Tuvo el impulso de cubrirse con las cobijas hasta la coronilla de la cabeza, pero no lo hizo.

Cada año lo mismo, cada año no podía esperar menos.

Lo peor de vivirlo y re vivirlo en pesadillas era que al despertar, el sueño tan tormentoso desaparecía de su memoria, pero cuando volvía a aparecer por la noche ella sabía perfectamente que no era la primera vez que se hospedaba tras sus entrañadas raíces de pesadillas y sueños.
Y jamas podría re armar el sueño por voluntad, pero no estaba de menos tratar de olvidarse de el, siendo que ya estaba viviendo su propia pesadilla.
Se ajusto los botines junto al cinturón de cuero negro y se coloco el rebelde cabello negro ondulado y sucio bajo una gorra roída que la hacía parecer un barón.
Empuño el cuchillo para carnes que robo de la cocina de su vieja casa y lo metió en su cinturón  justo al alcance de su mano por si esas cosas volvían a por ella.
Pasó de largo es el espejo ignorando por completo las ojeras negras resaltantes en su piel pálida  y los ojos grices marchitados en cansancio, inyectados en una mirada amenazante y una de sus mejillas adornada con lo que parecía ser un rasguño profundo.
Ignorando un claro recordatorio de lo cerca que estuvo de tocar a la muerte.
Salto de la ventana del segundo piso en un golpe suave que aún así le dolió en las rodillas y como pudo corrió sigilosamente tras los arboles en lo más obscuro del parque que se habría paso a convertirse en un bosque.
El ululeo de un buho no le hizo detenerse, siguió corriendo porque sabía que mientras aún fuera de noche podría aguantar un poco más, al menos lo necesario como había ordenado Hécate.
Y mientras las estrellas y los dioses inmortalizados en ellas reinaran el cielo, llegaría a salvo a tierras menos peligrosas.
Y así fue como lo hizo, corriendo sigilosamente sintiendo el viento golpearle a la cara, y sintiendo sus pasos ser seguidos por algún tipo de animal que hacía que el suelo crujiese tras de ella. Mientras el peligro acechaba detrás, la hija de la noche corría bajo la protección que podía ofrecerle la reina de los muertos, Hécate.

Corrió perseguida por los murmullos de las hojas y las ramas al golpear contra el viento hasta que el sol comenzó a acender y las piernas le ardieron, obligandola a perder el equilibrio. Callo de rodillas mientras los pocos rayos de sol le escocían la piel como si aceite caliente se tratase; cuando una flecha voló zumbando en su oído por lo cerca que paso, y de pronto, ella misma ignoro el dolor para inclinarse y esquivar la siguiente flecha, y entrecerrando los ojos en una posición lista para atacar.
En el bosque, una castaña de ojos claros le tenía en la mira tras un arco y una flecha listas para ser utilizadas. El pecho de la cazadora se alzabá mientras recuperaba la respiración.
-¿Quién eres y que haces aquí? -pregunto con la vos fuerte, pero con la fatiga a flor de piel.
Los ojos grises estaban más obscuros de lo normal con las uñas clavadas en las hojas del bosque.
-He dicho ¿quién eres y que haces aquí? -volvió a preguntar ahora con la vos más demandante.
Las uñas comensaron a hacer hoyos en la tierra mientras el sol se elevaba más y más provocando que le ardiera cada parte del cuerpo a pesar de no estar en llamas.
Ambas tragaron con fuerza; si esta iba a ser otra de las peleas con monstruos que había llevado acabo la ojigrizacea, no iba a morir simplemente porque Apolo así lo deseara, había llegado demasiado lejos como para sucumbir ante el fuego invisible.
La castaña tenso la cuerda del arco y la pálida niña a su lado se levanto en pie apretando los dientes para con todas sus fuerzas clavar los pies en la tierra y pelear con aquella mocosa.
-¡Alto! -la vos vibrante cabrina interrumpió la batalla que estaba a punto de estallar y de entre la malesa apareció un chico cabra seguido por una dríada de vestido verde. -¡Daphne, baja ese arco!
La castaña miró entre la pelinegra y los recién llegados decidiendo si era una buena opción aquello que pidió el sátiro; mientras que la otra niña de piel pálida sufría de dolor por dentro mientras que por fuera el único rastro de sufrimiento era sus uñas crispadas y la mirada salvaje que poseía.
-Baja el arma, Daphne.
-Enebro, el es peligroso, lo he visto... -dijó sin dejar de tensar la cuerda.
Enebro, la dríada intercambió la mirada confusa entre la chica pálida y Owen, el sátiro igual de confundido.
-Daphne, no otra vez porfavor...-Owen trato de acercarse a ella.
-Lo he visto, donde sus pies tocan, la muerte se desata... -dijó aún fijando la mira.
Enebro hablo de nuevo.
-Porfavor, Daphne...
-No otra vez, Artemisa te lo ha dicho 7 veces.
-¡Silencio! cuando le diga que he cazado al insolente que asusta y repliega a sus ciervos al fin me reconocerá. -miró con los ojos ardiendo en odio- ¡Di algo criatura insolente que osa meterse con el rebaño sagrado de Artemisa!
Pero lo único que podía hacer ahora la señalada era sentir los borbotones de sangre hervir en sus venas, quemando sin quemar todo a su paso, y en un intento por huir de la quemazón tormentosa retrocedió dos pasos a la sombra de un árbol, bajo el susurro del viento y la vos de Hécate en su oído que le decía qué debía hacer.
-¡Hay!- La castaña dejo de tensar el arco enviando la flecha directa al hombro de la visitante la cual jadeo sin mirar la punta de la flecha clavada en su carne, pues el escozor volvió a  su cuerpo cuando cayo bajo el insistente rayo de sol que le recordaba al dolor de las garras de los monstruos tratando desesperadamente de desgarrarle la carne.
La pelinegra porfin alcanzo a tomar su cuchillo y araño el suelo abriendo una grieta que se extendió hasta los pies de la castaña, quien grito y se hecho a un lado mientras se sentía desfallecer.
Y en un ultimo jadeo la pelinegra escucho los gritos de Enebro y el sátiro a su lado.


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+Fanfic Inspirado en Percy Jackson y los Dioses del Olimpo.
Sibyl, Daphne, Marilee.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Fantasma de las navidades

Un par de calcetines rojos se han colgado de la chimenea de mamá, y debería aclararles que ese titulo lo tiene bien ganado.
Los bocadillos de las noches navideñas se tomabán cerca del fuego, a decir verdad, los malvaviscos recien azados y derretidos saben mejor cuando te queman la boca.
Quien no se ha detenido a oler el pan de pascua, o el chocolate recien hervido no creo que aya disfrutado realmente de las navidades, bueno, eso al menos que se sea un crio que aún no entiende de que se trata todo el rollo.
Mi punto es que por decima vez he visto desde esos clavos mugrientos clavados a la pared, se cuelgan un par de botas rojas con hilos boradados en color rojo. A pocos metros esta la tía Estulia con aquel delantal fatal y la sonrisa más parecida a una mueca que he visto en mi vida, pero vale, es navidad, debo esforzarme para sonreir mientras aprieta mis mejillas con sus uñas arregladas hasta provocarme calor en el lugar pellizcado.
Y hablando de peillizcos me froto la mejilla mientras veo a mi hermano urgan con su dedo la crema batida sobre el pastel y llevarselo a la boca.
A los 10 años no se mucho, pero estoy seguro de saber que extraño con locura cuando tenía 7, como mie hermano.
Papá me toma por el brazo y me guia hasta la mesa donde ya hay cubiertos y un estofado de cordero olorosamente agradable en el centro de mesa, y algunas uvas dispuestas en la canasta rellena de panes y un vino que no tengo ni idea de como pudo ir a parar allí.
Bueno, volvamos a mi punto, quiero decir... ¿Te haz preguntado en verdad que tan rapido pasa un segundo? Porque wow chico, ¡es asombroso!
Ni siquiera el tic tac te deja ver la realidad de las cosas, quiero decir, justo ahora a pasado un segundo, y otro, y otro mientras mirabas aquella coma, digo, ¡Es fantastico! pero al mismo tiempo me estremesco.
Segundos-minutos-horas-años-vida.
¿Entiendes? en cualquier minuto voy a abrir los ojos para navidad y las botas no estarán dispuestas con regalos dentro, o el aroma del chocolate no se distinguira tan delicioso como ahora, provablemente su sabor se cambie por el de un café amargo, y ese mismo día la chimenea de mamá no será más que un churamusco olvidado y rellenado con ojas y tiempo.
¿Te haz puesto a pensar en eso?
Y algun día quiza despierte en mi cama y en mi cuarto, pero al salir a la cocina me de cuenta de que vivo con una familia que no reconozco, y mis manos arrugadas y las personas mirandome con desden.
Me da miedo.
O que un día iré vestido de negro al funeral de tía Estulia y se que voy a extrañar sus adornadas uñas que me provocan tanto dolor.
Amo ese dolor tan caracteristico de vivir, y odiaría dejar de snetirlo.
Agradesco ese dolor, no se que pasaría si con cada tic tac del reloj no se me partiera el corazón, quiza, enloquecería y perdería todo el sentido que tiene para mi las navidades.

jueves, 28 de febrero de 2013

Un ave que vuela más allá del cielo

Me enjuague las lagrimas con la manga del swetter, miré al techo y le dije a Dios "es hora". La vista desde arriba de ese banco era espectacular, pero dije que no debía retractarme y así fue como la soga apretó a mi cuello y mis alas alzaron el vuelo.

martes, 12 de febrero de 2013

Cortemos papel

Frunciré el ceño y tu podrás creer que soy un ogro.
Vamos, date la vuelta y haz lo de siempre, que es obvio que el raro no siente.
Y entonces yo, entraré a ese baño y jugaré a ser artista, donde mis brazos son papel y mi lápiz de metal pinta en color rojo.

Cualquiera que preste atención, sabrá que ese hijo menor tiene problemas.
Y cualquiera que quiera, puede ser la sal de esa herida.