lunes, 22 de julio de 2013

Los ángeles regalan sonrisas. [Parte 3]

¡He aquí yo, diosa de la purpurina y el queso! Buenos días a todos y todas {viendo pues, el fandom...} ¿Como están  ¿Ya listas para la gomita y los abrazos de osos cariñosos? veamos que sale esta vez, y no prometo mucho. En realidad, nunca lo hago.
Sin más que decir, espero que Santa este año les regale algo más que carbón, sinceramente ya estoy harta de eso y preferiría un Dougie Poynter... o dos.


Los ángeles regalan sonrisas Parte 3.


El problema con Dougie es que tiembla y tiembla como gato ronroneando, con el ligero cambio de que ni es un gato, ni esta ronroneando. El pobre rubito esta durmiendo en el sofá mediano del apartamento de Danny, mientras se acurruca y se pega lo más que puede a si mismo, para no congelarse y terminar cual muñeco de nieve.
Dougie sorbe la nariz mientras tirita en silencio, siendo consciente de que no va a poder dormir esta noche, y probablemente mañana no podrá ni moverse, y eso es por, a)cogió un terrible resfriado del polo norte o b)Se hizo cubito de hielo; y Dougie, sin duda, apunta a que va a ser la b. 
Tom suspira entre sueños, cubierto hasta el cuello con una ligera manta y las botas aún puestas. Dougie le mira y piensa que es muy mono, y si no fuera porque en verdad no puede moverse, seguro le cubriría con su propia manta.
Entonces sus ojos grises van a parar al techo mientras sus manos se cuelan entre el sofá y su cuerpo para acomodarse mejor su nuevo gorro de lana, y suspira. 
Los tres chicos se han desvelado viendo Star wars, devorando palomitas de maíz y la verdad es que si era un film bastante entretenido, tanto que a Dougie nunca se le presento Morfeo a echarle unos polvos para dormir. 
Y mientras recorre con la mirada la textura del techo, la mente de Dougie viaja directo a un pequeño inventario de lo que ha hecho hoy. Ese pequeño inventario que le recuerda que las personas son buenas.

Allí estaba la señora Lambert esa mañana, con las arrugas de sus ojos a causa del tiempo y la sonrisita que le estaba regalando a Doug, y eso era lo más valioso de ello, la sonrisa. La viejecita pasaba por esa ruta cuando iba al mercadillo cercano, a comprar la fruta y algunos caramelos para Anne y Todd, sus nietecitos. Y cada que se la encontraba, la bella mujer de pelo cano le sonreía y le acariciaba el corazón, regalandoles a Tom y a él algo de lo que había comprado. Y por eso las personas son buenas, porque tienen un corazón tan grande que algunas han aprendido a curar a los de los demás. Y Dougie constantemente necesitaba que alguien reparara el suyo.

Y es que la vida es bella, pero llena de tristezas, e insiste en que esa tristeza es lo que la enbellece, pero Dougie no podría estar seguro de ello. Y aunque vivía allí afuera desde los 12 años, su lista le recordaba que la crueldad humana no esta en todos. Y eso lo mantenía vivo y con una sonrisa dispuesta a aparecer en su rostro.

Suspira y juguetea con sus manos, sintiendo lo heladas que están mientras sus ojos se posan en los azulados ojos del pequeño Danny en esa foto.

-Te compro otra sonrisa.

Las palabras del ruloso aún se mantenían dentro de la cabeza de Dougie, y es que el pensaba que nunca jamas saldrían.
Recordó entonces las patas de gallo que se le formaban a los extremos de los ojos cuando sonreía, y ese bonito brillo en el mar de sus ojos, y también recordó el "chiquitín" y un color rojo inundó sus mejillas heladas. Y cómo los había invitado a dormir en su casa sin ninguna intención más allá de ser amigable, y cómo le había prestado su abrigo de camino a su apartamento para que no tuviera frío.
El rubio sonrió mirando la gran sonrisa dentro de la fotografía. 
Las personas son buenas, Danny lo era, y Dougie lo sabía.

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