Los ángeles regalan sonrisas. [Parte 5]
Vale, vale, frutillitas, ¿Cómo han estado? Yo se que ya se morían de ganas por leer esto, y tengo la mitad de esta parte desde hace un mes pero quedo muy bastante asqueroso, por no decir otras cosas. Ya solo falta uno o quizá dos partes para acabar, y espero que esas lectoras fantasmas me dejen un review o dos si no quieren que los agarre con la escoba y el recogedor. Sin más que decir, espero que no vomiten porque yo no me hago responsable de limpiar. Je.Los ángeles regalan sonrisas Parte 5.
Aún después de terminar 6 huevos (si, usó su función “aspiradora”) Dougie dejo su 2° panqueque intacto, salvo por las pequeñas hendiduras que le formaba el tenedor cuando pasaba sobre la mantequilla y el pan.
Tom miraba de reojo a su amigo preocupado por su estado de ánimo.
Por otra parte de la mesa, Harry era un chico muy divertido, decía cosas sin sentido y entre Danny y él se hacían bromas que causaban demasiada gracia para Tom, aunque estas no tuvieran mucha lógica.
-Y en esa temporada le gane 51 veces a Danny en todos los juegos de Marío Bros.
-¿Enserio?
-Yep, y usando solo
mi mano buena.
Harry alzo las cejas de forma presumida mientras Danny
giraba los ojos.
-Canijo, si me rompiste la consola…
-¡Pero gane!. –Harry río con esa risa tan suya mientras le revolvía
el cabello a Danny, quien le daba manotazos y decía a lo bajini “estate que me
despeinas”. – Y Danny tuvo que lavar mi ropa interior por dos semanas. –De repente,
su risa seso.- Les hizo un hoyo a todos mis bóxers.
La risotada de Danny fue tan estridente que Dougie dio un bote
en la mesa y casi se vuelve a dar su segundo santo ranaso en el día. Miró por
unos segundos al pecoso que reía como un descocido para después volver la vista
a sus muy interesantes panqueques.
Tom miró a Dougie y frunció el ceño, y no fue el único en
darse cuenta de que algo sucedía con el pequeño Poynter. Una mirada rápida entre
Harry y Don Pecas basto para que Harry entendiera que debía dejarlos solos.
-Tom, ¿Has jugado alguna vez a los Angry Birds de Star Wars?
-¿Angry Birds?. –pregunto ladeando un poco la cabeza.
-¡Santo Dios!. –Harry se levanto, poniendo ambas manazas en
la mesa, sobresaltando un poco al ojimarron.- Tienes que venir a probarlo. –Dicho
y hecho, Harry se levanto y a grandes zancados alcanzo al rubio y lo haló fuera
de la mesa, llevándoselo casi a rastras para llegar hasta el living donde poco después
el sonido de la tv resonó en todo el apartamento.
Dougie siguió con lo suyo sin darse cuenta de que había
quedado solo con el señor dientes de caballo. Danny lo observo por un rato,
comprobando que su pecho se hinchase de aire o parpadeara para decidir si sí
seguía vivo, o no.
-¿Te has llenado ya, panquecito? .-Danny estiro su cuello
para quedar rostro a rostro con Dougie, proporcionándole un buen susto. El
ojigriz se echó para atrás con los ojos bien abiertos, llevándose una mano al
pecho.
-Por Dios, casi me causas un infarto... –Habló molesto,
alejándose del ruloso.- Y ya va con los motes, Danny.
Danny sonrío con inocencia (fingida, obviamente) y se
regreso a su asiento, divertido por el ceño fruncido del rubio.
-¿Por qué esa cara triste, osito gominola?. –Esta vez Danny
dejo de reír, preocupándose por como Dougie escondía los ojos tras la mirada
gacha y el flequillo.
-Y dale con los motes… -Hablo bajito Doug, sin mirar al
pecoso frente de él.
-¿Te he dicho ya que tienes una bonita sonrisa?. –hablo el
mayor.
Dougie alzó la vista dispuesto a darle una colleja y salir
huyendo si el pecoso empezaba otra vez de osito cariñosito con él. Pero al ver
la seriedad en el rostro de Danny solo pudo preguntar un bajo y torpe -¿Qué?
-Que si te he dicho que tienes una bonita sonrisa. –Pregunto
el mayor apretando los labios, impaciente.
-He… -jugueteo con el mantelito de la mesa.
-Doug…
Dougie no contesto, se limito a dejarse vencer y depositó
sus ojos grises sobre los marinos ajenos, dejándose desnudo, con sus
inseguridades allí expuestas ante alguien más que no era él.
Para Danny, algo en su interior hizo crak, rompiéndose y provocándole un dolor que ni entendía ni quería
entender, solo sabía que lo que lo provocó fueron esos ojitos de plata aguaditos y tristes que
estaban frente de él. Una gotita salada violo la seguridad del lagrimal de
Dougie, y no pasó ni medio minuto cuando un pulgar ajeno se aventuró a secarlo
contra la piel de sus pómulos. No sabría decir si pasaron segundos, minutos u
horas, pero durante ese tiempo el mar y la plata se hicieron uno solo. De un
lado se puede mirar que el acero y el
metal en realidad no son muy sólidos, pues se pueden derretir. Del otro lado,
que la paz del mar puede llegar a calmar hasta la tormenta más deplorable.
-Si es por lo de las tortugas ninjas Dougie, no tienes porqué
avergonzarte.
-¿Qué?
-Eso, que esas cosas molan y mucho, no es que allá creído
que eras raro o me hubieras causado risa, bueno, si me causaste risa pero de la
buena, ósea no me quería burlar de ti pero ¡Arg! Tú entiendes. –El pecoso se
sobo las sienes mientras hacía un mohín con sus labios. Dougie solo pudo reírse
de lo gracioso que le había parecido el parlancheo tan rápido del pecoso.
-Vale Danny, ya entendí. –Bajo un poco la cabeza mientras
seguía riendo, aguantándose las ganas de echarse a carcajear.
-¿Te estás riendo de mi? ¿Te estas riendo de mi?. –Preguntó mientras
fingía estar enojado.
-Jajaja Si. –Las manitas de Dougie bajaron a su estomago,
donde trato de evitar que esas tremendas sacudidas que daba su cuerpo le
hicieran botar las visera hasta la cocina.
Danny infló los mofletes y puso los brazos en jarras.
-¡Y luego uno es el que no quiere reírse de los calzones de
tortugas!
Las mejillas de Dougie se tiñeron de rojo pero siguió
riendo, ahora sí, permitiéndole a las carcajadas salir de su boca.
-¡Al menos no soy un rarito que al hablar no se le entiende!
-¿A si? ¿Eso piensas de mi? ¡Ven para acá!. –Danny saltó
sobre Dougie (qué es mucho más bajito que él) y fue directo a sus costillas, picándoselas
y queriendo tocar la marimba con ella, mientras el cuerpecito de Dougie se retorcía
como lagarto y reía como descocido.
-¡Basta! ¡Basta!
-¡Ah no, aquí nadie me dice rarito sin que le haga tragarse
sus palabras!
-¡Danny, basta!. –Dougie se retorcía entre las manotas
enormes de Danny, mientras sus pies cedían de vez en vez y Danny tenía que
sostenerlo y ponerlo de pie antes de que fuera a dar al piso.- ¡Danny, YAAA!
Dougie se echo hacía adelante inmovilizando a Danny con su
propio cuerpo, abrazándolo por debajo de los hombros. Su cabeza entre el hueco
de su pecho y su cabeza, respirando agitadamente. Danny dejo de reír ante los
diminutos bracitos de Dougie a su alrededor, y segundos después acomodo sus
brazos para envolver al menor y pegarlo más a su pecho, escuchando su
respiración.
-Danny…
-Uhm?...
-Si…
-¿Si qué?. –preguntó mientras Dougie se separaba de él.
-Si me has dicho de lo mi sonrisa… -Dijo, tragándose toda la
vergüenza, bajando la mirada para que el mayor no viera el color rojo en sus
mejillas y la vergüenza en sus ojos.
-¿Si?, y entonces ¿por qué no sonreías, Doug?. –El azul del
mar volvió a perderse en el plata, mientras el plata se perdía en el azul.
Dougie miró a Danny, y Danny miró a Dougie, como si sintieran que haciendo eso
todo en el mundo estaba bien.
-¿Hay alguna explicación para que no me crea que son del
otro bando, y por lo mismo no piense que Danny todos estos años se ha fijado en
mi mientras dormíamos en pijamas?. –Pregunta Harry cruzado de brazos,
reprimiendo una carcajada, mientras a su lado esta Tom sonriendo, mirando a los
dos chicos, mientras algo en sus dotes de Tom le dicen que algo hay entre esos
dos.
Y como suele decir Dougie, el tío Tom nunca se equivoca.