viernes, 26 de diciembre de 2014
Las ventajas de ser invisible. Mi parte favorita.
Una vez en un pedazo de papel amarillo con líneas verdes él escribió un poema.
Y lo llamó “Chops” porque ese era el nombre de su perro,
Y de eso se trataba todo.
Y su maestro le dio una A y una estrella de oro.
Y su madre lo colgó en la puerta de la cocina y se lo leyó a sus tías.
Ese fue el año en el que el Padre Tracy llevó a todos los niños al zoológico.
Y los dejó cantar en el autobús.
Y su hermana menor nació con los pies pequeños y sin pelo.
Y su madre y su padre se besaron mucho.
Y la niña de la esquina le envió para San Valentin una firma con una fila de x's y tuvo que preguntarle a su padre que significaba.
Y su padre siempre lo había metido en la cama por las noches,
Y siempre estaba dispuesto a hacerlo.
Una vez en un pedazo de papel blanco con líneas azules él escribió otro poema.
Y lo llamó “Otoño” porque ese era el nombre de la estación,
Y de eso se trataba todo.
Y su maestro le dio una A y le pidió que escribiera más claramente.
Y su madre nunca lo colgó en la puerta de la cocina por la nueva pintura.
Y los niños le dijeron que el Padre Tracy fumaba puros.
y que dejaba las colillas en los bancos de la iglesia.
Ese fue el año en que su hermana tuvo lentes gruesos con marco negro.
Y la chica de la esquina se río cuando él le preguntó que le pediría a Papa Noel.
Y los chicos le dijeron por qué su madre y su padre se besaban tanto.
Y su padre nunca más lo acostó por las noches,
Y su padre se enojó cuando él lloró para que lo hiciera.
Una vez más en un papel arrancado de su cuaderno de notas escribió un poema.
Y lo llamó “Inocencia: Una Pregunta” porque esa era la pregunta sobre su chica,
Y de eso se trataba todo.
Y su profesor le dio una A y una extraña mirada fija.
Y su madre nunca lo colgó en la puerta de la cocina porque él nunca se lo mostró.
Ese fue el año en el que el padre Tracy murió.
Y el se olvidó de cómo es el final del Credo de los Apóstoles
Y descubrió a su hermana besándose con un chico en el porche.
Y su madre y padre nunca se besaron o hablaron incluso.
Y la chica de la esquina usaba demasiado maquillaje,
Eso le hizo toser cuando él la besó pero él la beso de todos modos, porque eso era lo que debía hacer.
Y a las 3 de la mañana se metió en la cama,
mientras su padre roncaba profundamente.
Es por eso que en la parte posterior de una bolsa de papel marrón trato con otro poema.
Y lo llamó “Absolutamente Nada”,
Porque eso era lo que era realmente todo.
Y el mismo se dio una A y un corte en cada maldita muñeca.
Y lo colgó en la puerta del baño porque esta vez no creía poder alcanzar llegar a la cocina.
Stephen Chbosky, The Perks of Being a Wallflower
martes, 20 de mayo de 2014
Nunca habrá vacío cuando este dentro del mar
Guardó en su chaqueta su par de guantes sintéticos de piel, dejando su conciencia libre pues ella sería incapaz de vestirse con las ropas de algún animal. Sus delicadas manos sintieron el frío alojarse al fondo de sus huesos; el viento golpeo a su rostro y removió sus cabellos dejando un murmullo tras de si. Cerró los ojos ante la mirada que le daba el mundo frente a ella, imaginando que la lluvia mojaba sus hombros y la soledad traía consigo aquellos ojos azules, sintiéndose Lizzie, pero de una manera vacía, en sueños.
La suela de sus zapatillas azules al golpear con el pavimento creaba el sonido perfecto que le hacía seguir imaginando que era ella quien esperaba al señor Darcy. Su vestido le llegaba poco más arriba de la rodilla, moviendo sus holanes blancos al compás de una tintineante canción que su memoria reproducía. Su mente, embellecida por lo que su imaginación creaba al mismo tiempo que sus ojos miraban la escena frente de ella de todas esas personas disfrutando de un día 27 de Agosto. Las luces de la puesta de sol embriagaban sus cabellos, tiñéndolos de un rojo anaranjado que le hacía sobrepasar lo fantasioso de su tono natural. Sus uñas remarcadas en esmalte blanco, contornearon la superficie fría de su cámara mientras le sacaba de su estuche y el viento empezaba a hacer bailar las copas de los árboles.
Se paró en el centro sobre un puente que le dejaba admirar todo, como si le diera permiso a invadir aquella tarde de cálido color pero de clima hostil. Sus delgados dedos sostuvieron con cuidado el artefacto de laminillas polaroid dentro. Sostuvo el aliento ante las miradas y sonrisas felices que inundaban su campo de visión, más allá del parque, el bosque y la ciudad que se alzaba detrás. Escuchando el sonido de los mantos acuosos correr a unos metros bajo sus pies llevando de un lado a otro las hojas que lloraban de los arboles por ver la temporada partir, cerró los ojos.
Descansa su bolso del lado derecho de su cuerpo, sosteniendo dentro la novela que justo la noche anterior le ha hecho derramar sonrisas. Acerca la cámara a sus ojos, mirando por vez primera en el día la vista del mundo detrás de un cristal. Movió su dedo índice al pequeño botón de plástico que le permitiría guardar para siempre aquel día tan vacío y al mismo tiempo tan lleno de todo menos de ella.
Tan llena de nada.
Aquel frío se instaló en su pecho vacío, sintió el reloj tintinear dentro de su cabeza, caótico, sabiendo que ni el tiempo ni la vida estaban cociendo los destrozos que alguien hace tiempo rompió.
Pero, ¿Aún había destrozos dentro? Sabía que estaba descocida, pero nunca estuvo rota, y se había cansado de esperar a por ese alguien que fuera capaz de con hilo y aguja enmendar todos esos errores que alguna vez cometió.
El frío acuno en su pecho pero ella no sintió nada. Y con una última respiración cargada de la poca valentía que alguien como ella podría sostener, subió sobre la barandilla del puente, equilibrando su peso completo sobre un solo pie, el otro volando en el aire. Y con una última calada a este viento que le empuja el cabello invitándola a seguir adelante, inspira su último aliento antes de cerrar los ojos a espera de ese hermoso momento en el que su cuerpo se llene de mariposas y pueda volar.
-¡Detente! –Sus ojos bañados en plata mojada giraron en dirección de la vos sin siquiera dar cuenta de ellos. Y le miró. Y se miraron.
¿Acaso era un sueño? Pues dicen que en sueños el tiempo se detiene, las sonrisas son eternas, y la vida no necesariamente tiene que tener sentido. Y allí estaba, perdida en un mar tranquilo pero vacío, al igual que ella. Y en un segundo sus pasos se unieron a los de él y ahora ella se encontraba en sus brazos.
¿Cómo es que algo que no es nada al juntarse con un igual llegar a ser un todo? Más que un todo ¡Ellos eran un universo!
Y ahí estaba él, acunándola a su pecho como si esas lagrimas que llovían de sus ojos tuvieran un fin común más allá de ir a llenar un poco más el río que corría bajo sus pies.
Aquellos ojos azules que la noche pasada había visto a través de las hojas roídas de un libro, estaban frente a ella. Y ahora Lizzie y el señor Darcy se volvían a encontrar, más allá de las páginas robadas en el libro de la biblioteca local.
Y cada vez que sonreían una fina lluvia caía sobre sus hombros, y los sueños y los relojes nunca se detenían; Y el tiempo, y los colores, y el frío acunando a sus manos nunca se fue.
Y la vida nunca había parecido tan llena.
…
Se levantó de la cama vacía escuchando el reloj volver a sonar. No se puso las mullidas pantuflas o siquiera quiso hacerlo, caminanó hacía el baño y las puertas roídas que le había dejado como regalo el tiempo se burlaron de ella. Se detuvo frente al espejo cubierto que enmarcaba la puerta del armario, y nunca se dio cuenta del momento exacto en el que sus manos temblaron halando del manto que cubría su reflejo.
Y ahí detrás de la tela, se hallaba una mujer.
Su corazón se hizo un ovillo y se acercó a la mujer del pelo cano y los ojos repletos de plata sin lustre. Allí estaba ella como si los años gustasen de restregarle en la cara los minutos que nunca pudo sostener. Allí estaba ella de nuevo, tirando lejos muy lejos los recuerdos de una vida compartida entre dos.
Tic toc
Recorrió cada arruga y cada bolsa bajo sus ojos, detallando la textura de papel que había adquirido su piel mientras un viejo anillo se mantenía atado a su dedo anular.
-¿Acaso volveré a perderme bajo la profundidad del mar? ¿Acaso volveré a ahogarme en sus ojos?
Con pasos cansados tan propios como mecánicos de una máquina, volvió a esconderse bajo las sábanas blancas que cubren su cama mientras acuna a su cuerpo una vieja foto, de un atardecer en el que las hojas de los arboles llueven y el vacío deja de ser tiempo, y las sonrisas y las miradas vuelven a llenar lo que alguna vez fue una tarde de Agosto. Y empieza a llorar.
-Detente.
Sus ojos papalotean hacía la vos, sus miradas se encuentran y la de ella viaja maravillada viendo a su amor vestido con el traje verde, igual que como lo vio la ultima vez, mientras sostiene en la mano derecha su boina militar y en la izquierda reposa un anillo, y los sueños vuelven a dejar de necesitar del sentido para sobrevivir, y las sonrisas son eternas y la verdad de las cosas es que él nunca se volverá a ir.
Al igual que ella.
_______________
Marisol A0-4675
Dafne A0-5666
domingo, 30 de marzo de 2014
La batalla de los descocidos. -PB-
¡Tres hurras por los malparados, los rotos, los torcidos y los descocidos! ¡El ave calabaza les ha encontrado las piezas de repuesto! ¡Las agujas! ¡Los manuales!, que terminen los sedantes, que terminen las alucinaciones ¡¿No irán a contar las buenas nuevas?!. Oh, si tan solo tuviesen noción, ¿Podría alguien como yo, tan simple como yo, abrirles los ojos? Tijeras, necesito tijeras. ¿Navajas? No duele tanto como cuando te despellejan a la izquierda del pulmón derecho ¡Créanme!
¡Tres hurras! ¡Por las armas convencionales! ¡Por el miedo! ¡Por el remordimiento!, ¡La valentía! oh, ¡Hurra! ¡Por todas esas personas que nos hicieron creer que no había piezas de repuesto! ¡Que nunca las hubo! ¡Ja! Que caímos a este mundo sin gloria por delante, que terminaríamos aplastados por nosotros mismos ¡Miren a donde hemos llegado! ¡Miren donde estamos! ¡Hurra! Porque somos más que engranajes, somos la chispa que encendió todo el lugar ¿Te gusta como quema? ¡Me gusta como ardes!;
¡Tres hurras por los fantasmas, las maquinas y la chatarra que dejamos! ¡Por qué nunca fuimos extra, siempre existimos en la cuenta! ¡No somos orquídeas, no estamos marchitas! ¡No existe una caja! ¡Hurra!.
Solo mira todo este pánico ¡Solo mira ésta guerra! ¡Alabad a la reina de los descocidos! ¡Tres hurras por Scarecrow!
¡Tres hurras por la dulce venganza!
¡Tres hurras! ¡Por las armas convencionales! ¡Por el miedo! ¡Por el remordimiento!, ¡La valentía! oh, ¡Hurra! ¡Por todas esas personas que nos hicieron creer que no había piezas de repuesto! ¡Que nunca las hubo! ¡Ja! Que caímos a este mundo sin gloria por delante, que terminaríamos aplastados por nosotros mismos ¡Miren a donde hemos llegado! ¡Miren donde estamos! ¡Hurra! Porque somos más que engranajes, somos la chispa que encendió todo el lugar ¿Te gusta como quema? ¡Me gusta como ardes!;
¡Tres hurras por los fantasmas, las maquinas y la chatarra que dejamos! ¡Por qué nunca fuimos extra, siempre existimos en la cuenta! ¡No somos orquídeas, no estamos marchitas! ¡No existe una caja! ¡Hurra!.
Solo mira todo este pánico ¡Solo mira ésta guerra! ¡Alabad a la reina de los descocidos! ¡Tres hurras por Scarecrow!
¡Tres hurras por la dulce venganza!
miércoles, 26 de febrero de 2014
Los muertos no lloran [Frerard]
Habría jurado mil veces que la luna brillaba más de lo
normal esa noche. El frío escarbaba entre mi piel y astillaba mis huesos,
marcando el contorno de mi rostro en un
blanco que ni el mismo maquillaje podría traer. Trataba de alcanzar algo, no
recuerdo qué, pero allí donde estarían mis dedos para tomarlo, allí temblaban
como si no pudiese controlarlos, como si mi cuerpo hubiera dejado de
pertenecerme. No faltaba poco para que esto fuera verdad, y casi literario
habría sonado que dijese que lloraría. ¿No es acaso de risa decir que un muerto
quiera llorar? Aún no era un muerto, pero no tardaría mucho en serlo, así que
cuenta.
Escuche la sangre correr por mi cabeza, como si mi sentido
del oído se hubiera metamorfoseado y ahora trabajara por dentro, escuchando la
sangre recién bombeada desde dentro. Podía escuchar como la velocidad aumentaba
y decencia, para volver a comenzar y así el sonido del mundo exterior se había
agotado. Como mi vida.
Es estúpido tenerle miedo a la muerte, y yo era estúpido por
tenerlo. Toda mi vida me había movido como alma en pena entre las personas, así
que, ¿Qué diferencia había? Y mientras escuchaba mi sangre correr por alguna
arteria en mi cabeza, recordaba tu sonrisa Frank, y nada valía la pena.
Sin licencia ni permiso para martirizarte, ¿Quién soy yo
para lastimarte? Así que el día del funeral, por más que quise rozarte con la yema
de mis dedos la cara, me contuve. ¿Quién sería yo para tener el derecho de
magullar más tu corazón? Si estabas allí, llorando a por un ser que nunca te
mereció, que nunca se dignó a acunar tus temores por miedo a que estos te
abandonaran y con ellos, me fuera yo. Porque el amor es como los terrores, y
estos son como la muerte.
Así que no lo hice. Deje que la herida cicatrizara sola, o
al menos quise que así fuera. No volví a pararme ni frente a ti, ni a Mikey ni
Ray. Deje que el sol intentara volver a salir a iluminar la penumbra de aquella
luna, de mi luna.
Y después de aquel accidente no tan accidentado, podría
haber jurado que aquella luna fue tu corazón, brillando de más esa noche por
algo que no quisiera jurar pero que en el fondo tú y yo sabíamos: que este era
mi final. Tú en casa, llorando por la
soledad que te había embriagado el alma cuando me fui, y yo en la carretera,
desquitando mis males con el pedal del acelerador y una botella de cerveza y canapés
de antidepresivos. Tú con un dolor punzante en el pecho de presentimiento, yo
con una venda en los ojos de dolor y embriagamiento.
Pero déjame contarte, Frank, que a pesar de que no te lo
dije ni en un soplo de viento, lucías hermoso con ese traje negro. Me
estremeciste el corazón con semejante belleza que nunca más sería mía, y cuando
la tierra empezó a llover sobre mi vacío he insípido cuerpo y te rompiste, juro
que todo yo me rompí contigo.
Absurdo, los muertos no lloran. Pero aquí estoy yo, como
siempre la excepción a la regla, siempre en contra de las leyes de la
naturaleza y de Dios. Con lágrimas que nunca existieron corriendo por mis
mejillas, derramándose sobre un suelo que jamás será empapo de ellas, y tú
allí, siendo sostenido por Ray mientras Mikey sostenía fuertemente la lluvia en
sus ojos. Y mi corazón muerto les pertenecía a ambos, y ambos tenían todo el
derecho de llorar por él.
Nunca estuve orgulloso de mí y de las decisiones que he
tomado, y nunca me había arrepentido más de algo que como esa noche. Pero no me
arrepiento de esa última decisión de no acercarme a ti y susurrarte que seguía
a tu lado, pues de ser así solo habría sido egoísta.
Las heridas sanan, Frankie, y yo me quedaré a tu lado sin
que tú lo sepas hasta que las vea cicatrizar por completo… han pasado 5 años, y
como un papel, puedo aún ver el color rojo de ellas arañando tu piel. Voy a
esperar, cuanto tiempo sea necesario, observando cómo se cosen por sí mismas,
sin mi mano que pueda jalar del hilo y deshilachar todo de nuevo. Tendrías que
volver a empezar.
Pero no hay nada más que decir, más que mi corazón marchito
que jamás latirá de nuevo sigue perteneciéndote, a ti y a todos a quienes amo.
Y esperaré, hasta que mi luna se convierta en nuestra, y la vida y la muerte
sean igual de especiales. Y cuando eso llegue, Frank, te sostendré de la mano
para decirte que no le tengas miedo a esta última, pues al igual que las rosas,
tú y yo seguiremos aún después de que nos hayamos marchitado.
martes, 4 de febrero de 2014
Los ángeles regalan sonrisas. [Parte 6]
Los ángeles regalan sonrisas. Parte 6.
Dougie se remueve nervioso en el sofá medio hundido de Danny, mientras en sus manos tiene una tacita de algo vaporoso y tibio, pero él no parece prestar atención de ello. La otra mano con la que no sostiene la taza está en su boca, bueno, no toda, solos sus dedos se filtran y se remojan con un poco de su saliva mientras se recargan en sus dientes.
El frío no es pesado a pesar de que ha empezado a oscurecer, y las risas de su amigo se han dejado de escuchar hace mucho tiempo. El gorro de lana se ha medio escurrido en sus cabellos, y su mente probablemente esté dando una vuelta completa alrededor de la órbita de la estrella de la muerte, sin siquiera haber dado notas de ello.
Pero, ¿Qué es lo que pasa por la cabeza del rubio? No se lo preguntes a él porque seguro no te contestará, de lo lindo que se sentirá que tu mente este flotando en el espacio. Danny lleva 7 minutos recargado en la puerta de la cocina, observando al renacuajito mirar la televisión apagada. El castaño simula tener un cigarrillo entre sus manos, cuando en realidad lo que tiene entre sus labios es un caramelo. Suelta un humo imaginario que seguramente siente envidia al vapor de la taza de Dougie y le observa de perfil.
Al igual que su pequeño invitado, Danny también está perdido en su cabeza, le gusta perfilar con los ojos la bonita y respingada nariz de Dougie, y ver como sus pestañas se mueven cada pocos segundos, pero sin duda alguna lo que más le gusta de perderse en Dougie es ver sus labios, delgados y bonitos, según él, los cual son la coronación de la sonrisa de la Mona Lisa.
Han pasado algunas cosas dentro de Danny que son inexplicables físicamente, como dos engranes trabajando hacía el mismo lado sin reventarse el uno al otro; Pero no es como que a Danny le interese ir en contra de las leyes de la física, no, pues a él lo único que le importa es seguir viendo esos labios y pestañas bonitas y lo demás se puede ir al demonio.
Dicen que él amor no se encuentra en el corazón, si no en el cerebro, pero entonces ¿Por qué cuando alguien que amas te lastima te duele el pecho y no la cabeza?
El amor es incomprensible. Danny lo ha sabido de sobra toda su vida y parece que Dougie lo está debatiendo mentalmente en este momento. El chiquillo no se mueve ni nota la presencia del mayor en la estancia, se limita a respirar y dejar que su mente vuele memorizando cada peca en el rostro de Danny.
Hace apenas unas horas que ambos tuvieron una plática, no muy encantadora y tampoco muy desastrosa, no para Danny. Pero, algo en el mecanismo de engranes de Doug hizo un "click" en algún lugar nuevo y de caja, donde nunca antes había pasado nada. Para Dougie ese "Click" no fue simplemente un "click" no un sonido, no algo que se pueda sentir, ni oler, era… ¡Era todo junto! Algo en la pequeña cabecita de Doug se encendió, algo que ni siquiera sabía que estaba allí y empezó a despertar otras cosas que nunca debieron, tampoco; Y de repente Dougie tenía toda una feria con montañas rusas y juegos artificiales montada en su cabeza ¡En un segundo!
La pantalla del televisor le mostraba a Danny otro ángulo del rostro del menor, donde podía apreciar en primera fila el flequillo rubio que normalmente le cubría los ojos. Aquella imagen le rompía un poco el corazón, pero se resistía a moverse. Él sabía perfectamente que era ese "click" y sabía cómo se sentía, al igual que, del mismo modo que descubriría Dougie después, tuvo que aceptarlo.
La mecánica con la que gira este mundo es muy curiosa, nunca sabes que te va a tocar. Probablemente eso sea lo emocionante y por lo cual es divertido girar la ruleta. Y también, es curiosa porque todo es azar, la vida se rige en las mismas reglas que tiene: nunca sabes que es lo que te va tocar. A veces esa misma incertidumbre es la que gusta de mortificarte (o en realidad tu gustas dé) cuando no terminas de aceptar esas mismas reglas ya impuestas. Danny había tenido que pasar por esto, solo, y sabía que Dougie tendría que hacerlo también.
Aunque podría omitir ese solo… porque muchas veces las voces internas se convierten en gritos y todo deja de tener sentido propio.
Danny suspiro y metió sus manos a los bolsillos, dando algunos pasos hasta llegar al pequeño Poynter quien al notar su presencia, removió un poco su cabello hasta que sus ojos quedaron tapados por el flequillo.
-¿Puedo sentarme?.
-Adelante, es tu casa… -respondió en tono bajo, haciéndose con un espacio donde pudiera sentarse el mayor.
Danny exhalo un poco, recordando lo terrible que era pasar por todo aquello, solo.
-¿Sabes que la propuesta de que te quedes sigue en pie, verdad?
Un silencio y una removidita incomoda después, Dougie exhalo.
-No sería justo para ti, no sería justo para nadie.
-Doug, ¿Estas bromeando, verdad? Eso no tiene ningún sentido, sabes que yo estaría muy feliz de que Tom y tú se quedaran un tiempo conmigo, lo que en realidad no es justo es que personas como ustedes tengan que vivir en la calle. –El rubio jugueteaba con sus manos sin emitir palabra, pero Danny podría adivinar sin siquiera intentarlo que el enano estaba a punto de echar a llorar.- además ¿Con quién voy a compartir esas rosas que me has vendido tú, si a Harry no le gustan?, y que me has dejado sin dinero, canijo…
-Podrías… comértelas.- Dougie hizo una extraña mueca y segundos de silencio después, Danny hecho a reír como descocido, y como siempre, asustando a Dougie que dio un bote en el sofá y por poco se da una tortada en la cabeza.
-¡Pero que vale, que tu risa me va a provocar un infarto! –Dougie también comenzó a reír, tomándose un poco las tripas para que las sacudidas no le deshicieran nada allí dentro.
-¡No es mi culpa que la ames tanto! –Danny siguió riéndose, sin darse cuenta de que Dougie no lo hizo. Sin más que esas palabras, fue suficiente para comprarle un ticket de ida a Lunalandia a Dougie, a perderse otra vez. -He Doug… enserio, me gustaría mucho que ambos se vinieran a vivir a mi apartamento… por un tiempo, si tú quieres, en lo que se hacen de algo propio o… encuentran algo mejor.
-No Dan, no sería justo…
-¡Y dale con eso! ¿Qué, te tengo que rogar o qué? ¡Quiero que se queden, enserio! Que tú y Tom se queden con nosotros, hay suficiente espacio y me encantaría que se quedaran… Dougie, me encanaría que te quedaras…
El rubio alzó la mirada y Danny distinguió el plateado entre el flequillo. Aquellos ojitos húmedos rogaban por decir que sí, pero el ser humano es terco y Dougie apartó la mirada.
-Lo siento no, no puedo. –Se levantó con intenciones de ir a buscar a Tom y marcharse de allí.
-¿Es por el casi beso de en la mañana? –Soltó Danny de repente, haciendo que Doug parará de huir de él. El rubio no dijo nada y dicen que el silencio otorga ¿No?- ¿Es por eso?
-Danny, tengo que irme.
-¿Te molesta, Dougie? ¿Te molesta sentir eso dentro de ti? ¿Te molesta? ¿Enserio? Porque a mí no me molesta, Dougie, de hecho amo sentirlo.
-¡Deja de hacerlo!
-¿Hacer el qué?- Preguntó Danny con el mismo nudo en la garganta que inmovilizaba a Dougie, limitándose a temblar y a sentir las lágrimas escurriendo por sus ojos.
-¡Hacer eso! ¡Tratarme de esa forma cuando no lo merezco! ¡Deja de hacerme creer que está bien sentir lo que siento!
Pequeñas lágrimas escurrieron por las mejillas del pequeño, estrujándole más el pecho a Danny quien también sentía la lluvia en sus ojos amenazando por desatarse.
-¡No digas eso! –Danny se acercó a paso firme a Dougie, quien se hizo para atrás un paso para distanciarse de Danny.- Escucha, sé que esto sonará muy cliché y cursi y tonto y patoso y lo que sea, porque eso es lo que soy Doug, pero tú eres una persona hermosa, que lo único que no merece es llevar una vida como la que llevas, donde tienes que estar desde que sale el sol hasta que se oculta vendiendo cosas en el frío y soportando no sé qué más. –Lo tomó por los hombros y le zarandeo un poco, solo lo suficiente para tratar que le mirará, cosa que no ocurrió poniendo a Danny más nervioso.- y las hermosas personas como tú deberían estar sonriendo en una casa caliente con personas que los quieren, sintiéndose seguros. ¡No ahí, haciendo trabajos horribles que sé qué haces! Y escúchame bien, Doug, no me importa lo otro, nunca me ha importado, el amar a una persona es entregarte hasta la última migaja de tu ser, procurando lo mejor para ella, y yo te quiero Doug, porque personas como tú y Tom son ángeles tirados a este grotesco mundo al que no pertenecen, y yo no puedo permitir que alguien les arrebate lo poco que les queda. No puedo. –Danny bajo la cabeza, y sus sollozos se escucharon en el silencio profundo de la habitación. Sintió las gotas calientes y saladas escurrirse por su piel manchar el piso en su caída.
-Has… has dicho q… que ¿Me quieres?. –Tartamudeo.
Danny alzó la cabeza y vio en Dougie la desnudez de sus palabras, la inocencia y el deseo de ser amado. Lo vio expuesto, sin coraza, solo un simple corazón latiendo junto a otro. Lo vio llorar, con su pequeño cuerpo sacudiéndose un poco y las lágrimas empapando su ropa, y lo abrazó… riendo.
-Claro que te quiero Doug… -Lo abrazó fuerte mientras el mismo derramaba esas grandes gotas saladas del mar de sus ojos y sorbía la nariz, aun riendo y cubriéndolo, queriendo que Dougie se diera cuenta de que él estaba allí, que de verdad lo estaba.
Dougie también lo abrazó, con la poca fuerza que podía tener pero con un claro mensaje de "no me sueltes" pedido a gritos sordos. Gritos que Danny entendió, porque él muchas veces los había vociferado también. Lo entendía, lo quería, y deseaba ayudarle a enfrentarse con lo dura que es la vida. Quería todos los días encabezar esa lista de cosas por la que las personas son buenas, aunque ni siquiera lo supiera. Quería dormir junto a él con capa y espada esperando a por esos monstruos que le atormenta en esos sueños en los que habla. Quería verle irse a acostar con ese pijama de las tortugas Ninja para morir de ternura cada noche. Quería que él le quisiera, quería que juntos por fin el mar y la plata pudieran encontrarle ese sentido a la naturaleza. No más física, solo la anatomía de dos corazones que bombean.
-Doug, mírame. –Lo separó de él. Dougie alzó la mirada segundos después y le miró, como había pedido.- ¿Te quedaras? –El menor no contestó, se limitó a bajar la cabeza y a asentir levemente. Danny sonrió.- Doug… -volvió a llamar. -¿Puedes regalarme una sonrisa? ¿O es acaso que te la tengo que comprar, chiquitín?
Dougie alzó la mirada a las carcajadas de Danny, y él también rio, dándole un puñetazo en el hombro.
-Te dije que no me llamaras así, canijo.
Danny se sobó el golpe con un ligero "auch" y miro feo a Dougie, antes de que ambos empezarán a reír otra vez, Danny mostrando esos enormes dientes de caballo que tiene, y Dougie con esa hermosa sonrisa que a Danny tanto le gusta.
Y al final, no hizo falta que Danny pagará por ella, un ángel se la regaló.
lunes, 3 de febrero de 2014
Arder
La carne se quema,
los ojos no ven en la oscuridad y arden de la misma manera si les incendias con gasolina.
Creer y ser son cosas diferentes,
un camino de promesas que nunca cumpliste,
¿Quién crees que serás esta noche?
Por qué esta noche deseo dormir.
Caí en cierto vacío,
en cierta oscuridad,
en cierto infierno en tus ojos.
Quieres verte fuerte, no eres más que un niño
Transitando un camino que ya han transitado millones de personas
Y me inventas una historia de amor que nunca creeré,
Solo recuerda que la carne se quema,
Y los ojos nos pueden ver más allá de ella.
De la misma manera que arderían si les llenarás de gasolina.
Me inventas un pasado trágico,
un futuro de mentiras,
y todo lo dibujas con tu estúpida sonrisa intentando hacerme reír
Nunca te pedí que lo hicieras
Porque un día perderé esa luz en mis ojos,
y nuestros cerebros y corazones dejarán de ser fuertes
El tiempo de irse va a llegar, y sigues insistiendo en que no lo hará
Si prometiste no tratar de cambiarme,
Y te dije que no quería que lo hicieras,
¿Podremos dormir sabiendo que la carne se quema?
¿Qué los ojos que brillan también arden, oliendo a gasolina?
A veces creía que podíamos tratar de acoplarnos
Pero yo soy fuego y tu insistes en ser agua,
Agua estancada, podrida
Y nunca podremos encajar, solo recuerda que la carne se quema,
Los ojos arden y nosotros cenizas seremos.
No más que cenizas, que ya puedo ver detrás de mis ojos,
Detrás del fuego que nos consume,
Detrás de mí,
De todo.
los ojos no ven en la oscuridad y arden de la misma manera si les incendias con gasolina.
Creer y ser son cosas diferentes,
un camino de promesas que nunca cumpliste,
¿Quién crees que serás esta noche?
Por qué esta noche deseo dormir.
Caí en cierto vacío,
en cierta oscuridad,
en cierto infierno en tus ojos.
Quieres verte fuerte, no eres más que un niño
Transitando un camino que ya han transitado millones de personas
Y me inventas una historia de amor que nunca creeré,
Solo recuerda que la carne se quema,
Y los ojos nos pueden ver más allá de ella.
De la misma manera que arderían si les llenarás de gasolina.
Me inventas un pasado trágico,
un futuro de mentiras,
y todo lo dibujas con tu estúpida sonrisa intentando hacerme reír
Nunca te pedí que lo hicieras
Porque un día perderé esa luz en mis ojos,
y nuestros cerebros y corazones dejarán de ser fuertes
El tiempo de irse va a llegar, y sigues insistiendo en que no lo hará
Si prometiste no tratar de cambiarme,
Y te dije que no quería que lo hicieras,
¿Podremos dormir sabiendo que la carne se quema?
¿Qué los ojos que brillan también arden, oliendo a gasolina?
A veces creía que podíamos tratar de acoplarnos
Pero yo soy fuego y tu insistes en ser agua,
Agua estancada, podrida
Y nunca podremos encajar, solo recuerda que la carne se quema,
Los ojos arden y nosotros cenizas seremos.
No más que cenizas, que ya puedo ver detrás de mis ojos,
Detrás del fuego que nos consume,
Detrás de mí,
De todo.
Así, simple.
Escucha, nadie va a conocerte mejor de lo que tu lo haces, y si tu no te entiendes ¿Como esperas que los demás lo hagan?
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