miércoles, 26 de febrero de 2014

Los muertos no lloran [Frerard]

Habría jurado mil veces que la luna brillaba más de lo normal esa noche. El frío escarbaba entre mi piel y astillaba mis huesos, marcando el contorno de mi rostro  en un blanco que ni el mismo maquillaje podría traer. Trataba de alcanzar algo, no recuerdo qué, pero allí donde estarían mis dedos para tomarlo, allí temblaban como si no pudiese controlarlos, como si mi cuerpo hubiera dejado de pertenecerme. No faltaba poco para que esto fuera verdad, y casi literario habría sonado que dijese que lloraría. ¿No es acaso de risa decir que un muerto quiera llorar? Aún no era un muerto, pero no tardaría mucho en serlo, así que cuenta.
Escuche la sangre correr por mi cabeza, como si mi sentido del oído se hubiera metamorfoseado y ahora trabajara por dentro, escuchando la sangre recién bombeada desde dentro. Podía escuchar como la velocidad aumentaba y decencia, para volver a comenzar y así el sonido del mundo exterior se había agotado. Como mi vida.
Es estúpido tenerle miedo a la muerte, y yo era estúpido por tenerlo. Toda mi vida me había movido como alma en pena entre las personas, así que, ¿Qué diferencia había? Y mientras escuchaba mi sangre correr por alguna arteria en mi cabeza, recordaba tu sonrisa Frank, y nada valía la pena.
Sin licencia ni permiso para martirizarte, ¿Quién soy yo para lastimarte? Así que el día del funeral, por más que quise rozarte con la yema de mis dedos la cara, me contuve. ¿Quién sería yo para tener el derecho de magullar más tu corazón? Si estabas allí, llorando a por un ser que nunca te mereció, que nunca se dignó a acunar tus temores por miedo a que estos te abandonaran y con ellos, me fuera yo. Porque el amor es como los terrores, y estos son como la muerte.
Así que no lo hice. Deje que la herida cicatrizara sola, o al menos quise que así fuera. No volví a pararme ni frente a ti, ni a Mikey ni Ray. Deje que el sol intentara volver a salir a iluminar la penumbra de aquella luna, de mi luna.
Y después de aquel accidente no tan accidentado, podría haber jurado que aquella luna fue tu corazón, brillando de más esa noche por algo que no quisiera jurar pero que en el fondo tú y yo sabíamos: que este era mi final.  Tú en casa, llorando por la soledad que te había embriagado el alma cuando me fui, y yo en la carretera, desquitando mis males con el pedal del acelerador y una botella de cerveza y canapés de antidepresivos. Tú con un dolor punzante en el pecho de presentimiento, yo con una venda en los ojos de dolor y embriagamiento.
Pero déjame contarte, Frank, que a pesar de que no te lo dije ni en un soplo de viento, lucías hermoso con ese traje negro. Me estremeciste el corazón con semejante belleza que nunca más sería mía, y cuando la tierra empezó a llover sobre mi vacío he insípido cuerpo y te rompiste, juro que todo yo me rompí contigo.  
Absurdo, los muertos no lloran. Pero aquí estoy yo, como siempre la excepción a la regla, siempre en contra de las leyes de la naturaleza y de Dios. Con lágrimas que nunca existieron corriendo por mis mejillas, derramándose sobre un suelo que jamás será empapo de ellas, y tú allí, siendo sostenido por Ray mientras Mikey sostenía fuertemente la lluvia en sus ojos. Y mi corazón muerto les pertenecía a ambos, y ambos tenían todo el derecho de llorar por él.
Nunca estuve orgulloso de mí y de las decisiones que he tomado, y nunca me había arrepentido más de algo que como esa noche. Pero no me arrepiento de esa última decisión de no acercarme a ti y susurrarte que seguía a tu lado, pues de ser así solo habría sido egoísta.
Las heridas sanan, Frankie, y yo me quedaré a tu lado sin que tú lo sepas hasta que las vea cicatrizar por completo… han pasado 5 años, y como un papel, puedo aún ver el color rojo de ellas arañando tu piel. Voy a esperar, cuanto tiempo sea necesario, observando cómo se cosen por sí mismas, sin mi mano que pueda jalar del hilo y deshilachar todo de nuevo. Tendrías que volver a empezar.

Pero no hay nada más que decir, más que mi corazón marchito que jamás latirá de nuevo sigue perteneciéndote, a ti y a todos a quienes amo. Y esperaré, hasta que mi luna se convierta en nuestra, y la vida y la muerte sean igual de especiales. Y cuando eso llegue, Frank, te sostendré de la mano para decirte que no le tengas miedo a esta última, pues al igual que las rosas, tú y yo seguiremos aún después de que nos hayamos marchitado.

martes, 4 de febrero de 2014

Los ángeles regalan sonrisas. [Parte 6]

Los ángeles regalan sonrisas. Parte 6.


La naturaleza de las cosas está escondida para la vista de cualquiera. Es un secreto, el secreto mejor guardado del universo por el cual siempre estaríamos dispuestos a buscar.

Dougie se remueve nervioso en el sofá medio hundido de Danny, mientras en sus manos tiene una tacita de algo vaporoso y tibio, pero él no parece prestar atención de ello. La otra mano con la que no sostiene la taza está en su boca, bueno, no toda, solos sus dedos se filtran y se remojan con un poco de su saliva mientras se recargan en sus dientes.

El frío no es pesado a pesar de que ha empezado a oscurecer, y las risas de su amigo se han dejado de escuchar hace mucho tiempo. El gorro de lana se ha medio escurrido en sus cabellos, y su mente probablemente esté dando una vuelta completa alrededor de la órbita de la estrella de la muerte, sin siquiera haber dado notas de ello.

Pero, ¿Qué es lo que pasa por la cabeza del rubio? No se lo preguntes a él porque seguro no te contestará, de lo lindo que se sentirá que tu mente este flotando en el espacio. Danny lleva 7 minutos recargado en la puerta de la cocina, observando al renacuajito mirar la televisión apagada. El castaño simula tener un cigarrillo entre sus manos, cuando en realidad lo que tiene entre sus labios es un caramelo. Suelta un humo imaginario que seguramente siente envidia al vapor de la taza de Dougie y le observa de perfil.

Al igual que su pequeño invitado, Danny también está perdido en su cabeza, le gusta perfilar con los ojos la bonita y respingada nariz de Dougie, y ver como sus pestañas se mueven cada pocos segundos, pero sin duda alguna lo que más le gusta de perderse en Dougie es ver sus labios, delgados y bonitos, según él, los cual son la coronación de la sonrisa de la Mona Lisa.

Han pasado algunas cosas dentro de Danny que son inexplicables físicamente, como dos engranes trabajando hacía el mismo lado sin reventarse el uno al otro; Pero no es como que a Danny le interese ir en contra de las leyes de la física, no, pues a él lo único que le importa es seguir viendo esos labios y pestañas bonitas y lo demás se puede ir al demonio.

Dicen que él amor no se encuentra en el corazón, si no en el cerebro, pero entonces ¿Por qué cuando alguien que amas te lastima te duele el pecho y no la cabeza?

El amor es incomprensible. Danny lo ha sabido de sobra toda su vida y parece que Dougie lo está debatiendo mentalmente en este momento. El chiquillo no se mueve ni nota la presencia del mayor en la estancia, se limita a respirar y dejar que su mente vuele memorizando cada peca en el rostro de Danny.

Hace apenas unas horas que ambos tuvieron una plática, no muy encantadora y tampoco muy desastrosa, no para Danny. Pero, algo en el mecanismo de engranes de Doug hizo un "click" en algún lugar nuevo y de caja, donde nunca antes había pasado nada. Para Dougie ese "Click" no fue simplemente un "click" no un sonido, no algo que se pueda sentir, ni oler, era… ¡Era todo junto! Algo en la pequeña cabecita de Doug se encendió, algo que ni siquiera sabía que estaba allí y empezó a despertar otras cosas que nunca debieron, tampoco; Y de repente Dougie tenía toda una feria con montañas rusas y juegos artificiales montada en su cabeza ¡En un segundo!

La pantalla del televisor le mostraba a Danny otro ángulo del rostro del menor, donde podía apreciar en primera fila el flequillo rubio que normalmente le cubría los ojos. Aquella imagen le rompía un poco el corazón, pero se resistía a moverse. Él sabía perfectamente que era ese "click" y sabía cómo se sentía, al igual que, del mismo modo que descubriría Dougie después, tuvo que aceptarlo.

La mecánica con la que gira este mundo es muy curiosa, nunca sabes que te va a tocar. Probablemente eso sea lo emocionante y por lo cual es divertido girar la ruleta. Y también, es curiosa porque todo es azar, la vida se rige en las mismas reglas que tiene: nunca sabes que es lo que te va tocar. A veces esa misma incertidumbre es la que gusta de mortificarte (o en realidad tu gustas dé) cuando no terminas de aceptar esas mismas reglas ya impuestas. Danny había tenido que pasar por esto, solo, y sabía que Dougie tendría que hacerlo también.

Aunque podría omitir ese solo… porque muchas veces las voces internas se convierten en gritos y todo deja de tener sentido propio.

Danny suspiro y metió sus manos a los bolsillos, dando algunos pasos hasta llegar al pequeño Poynter quien al notar su presencia, removió un poco su cabello hasta que sus ojos quedaron tapados por el flequillo.

-¿Puedo sentarme?.

-Adelante, es tu casa… -respondió en tono bajo, haciéndose con un espacio donde pudiera sentarse el mayor.

Danny exhalo un poco, recordando lo terrible que era pasar por todo aquello, solo.

-¿Sabes que la propuesta de que te quedes sigue en pie, verdad?

Un silencio y una removidita incomoda después, Dougie exhalo.

-No sería justo para ti, no sería justo para nadie.

-Doug, ¿Estas bromeando, verdad? Eso no tiene ningún sentido, sabes que yo estaría muy feliz de que Tom y tú se quedaran un tiempo conmigo, lo que en realidad no es justo es que personas como ustedes tengan que vivir en la calle. –El rubio jugueteaba con sus manos sin emitir palabra, pero Danny podría adivinar sin siquiera intentarlo que el enano estaba a punto de echar a llorar.- además ¿Con quién voy a compartir esas rosas que me has vendido tú, si a Harry no le gustan?, y que me has dejado sin dinero, canijo…

-Podrías… comértelas.- Dougie hizo una extraña mueca y segundos de silencio después, Danny hecho a reír como descocido, y como siempre, asustando a Dougie que dio un bote en el sofá y por poco se da una tortada en la cabeza.

-¡Pero que vale, que tu risa me va a provocar un infarto! –Dougie también comenzó a reír, tomándose un poco las tripas para que las sacudidas no le deshicieran nada allí dentro.

-¡No es mi culpa que la ames tanto! –Danny siguió riéndose, sin darse cuenta de que Dougie no lo hizo. Sin más que esas palabras, fue suficiente para comprarle un ticket de ida a Lunalandia a Dougie, a perderse otra vez. -He Doug… enserio, me gustaría mucho que ambos se vinieran a vivir a mi apartamento… por un tiempo, si tú quieres, en lo que se hacen de algo propio o… encuentran algo mejor.

-No Dan, no sería justo…

-¡Y dale con eso! ¿Qué, te tengo que rogar o qué? ¡Quiero que se queden, enserio! Que tú y Tom se queden con nosotros, hay suficiente espacio y me encantaría que se quedaran… Dougie, me encanaría que te quedaras…

El rubio alzó la mirada y Danny distinguió el plateado entre el flequillo. Aquellos ojitos húmedos rogaban por decir que sí, pero el ser humano es terco y Dougie apartó la mirada.

-Lo siento no, no puedo. –Se levantó con intenciones de ir a buscar a Tom y marcharse de allí.

-¿Es por el casi beso de en la mañana? –Soltó Danny de repente, haciendo que Doug parará de huir de él. El rubio no dijo nada y dicen que el silencio otorga ¿No?- ¿Es por eso?

-Danny, tengo que irme.

-¿Te molesta, Dougie? ¿Te molesta sentir eso dentro de ti? ¿Te molesta? ¿Enserio? Porque a mí no me molesta, Dougie, de hecho amo sentirlo.

-¡Deja de hacerlo!

-¿Hacer el qué?- Preguntó Danny con el mismo nudo en la garganta que inmovilizaba a Dougie, limitándose a temblar y a sentir las lágrimas escurriendo por sus ojos.

-¡Hacer eso! ¡Tratarme de esa forma cuando no lo merezco! ¡Deja de hacerme creer que está bien sentir lo que siento!

Pequeñas lágrimas escurrieron por las mejillas del pequeño, estrujándole más el pecho a Danny quien también sentía la lluvia en sus ojos amenazando por desatarse.

-¡No digas eso! –Danny se acercó a paso firme a Dougie, quien se hizo para atrás un paso para distanciarse de Danny.- Escucha, sé que esto sonará muy cliché y cursi y tonto y patoso y lo que sea, porque eso es lo que soy Doug, pero tú eres una persona hermosa, que lo único que no merece es llevar una vida como la que llevas, donde tienes que estar desde que sale el sol hasta que se oculta vendiendo cosas en el frío y soportando no sé qué más. –Lo tomó por los hombros y le zarandeo un poco, solo lo suficiente para tratar que le mirará, cosa que no ocurrió poniendo a Danny más nervioso.- y las hermosas personas como tú deberían estar sonriendo en una casa caliente con personas que los quieren, sintiéndose seguros. ¡No ahí, haciendo trabajos horribles que sé qué haces! Y escúchame bien, Doug, no me importa lo otro, nunca me ha importado, el amar a una persona es entregarte hasta la última migaja de tu ser, procurando lo mejor para ella, y yo te quiero Doug, porque personas como tú y Tom son ángeles tirados a este grotesco mundo al que no pertenecen, y yo no puedo permitir que alguien les arrebate lo poco que les queda. No puedo. –Danny bajo la cabeza, y sus sollozos se escucharon en el silencio profundo de la habitación. Sintió las gotas calientes y saladas escurrirse por su piel manchar el piso en su caída.

-Has… has dicho q… que ¿Me quieres?. –Tartamudeo.

Danny alzó la cabeza y vio en Dougie la desnudez de sus palabras, la inocencia y el deseo de ser amado. Lo vio expuesto, sin coraza, solo un simple corazón latiendo junto a otro. Lo vio llorar, con su pequeño cuerpo sacudiéndose un poco y las lágrimas empapando su ropa, y lo abrazó… riendo.

-Claro que te quiero Doug… -Lo abrazó fuerte mientras el mismo derramaba esas grandes gotas saladas del mar de sus ojos y sorbía la nariz, aun riendo y cubriéndolo, queriendo que Dougie se diera cuenta de que él estaba allí, que de verdad lo estaba.

Dougie también lo abrazó, con la poca fuerza que podía tener pero con un claro mensaje de "no me sueltes" pedido a gritos sordos. Gritos que Danny entendió, porque él muchas veces los había vociferado también. Lo entendía, lo quería, y deseaba ayudarle a enfrentarse con lo dura que es la vida. Quería todos los días encabezar esa lista de cosas por la que las personas son buenas, aunque ni siquiera lo supiera. Quería dormir junto a él con capa y espada esperando a por esos monstruos que le atormenta en esos sueños en los que habla. Quería verle irse a acostar con ese pijama de las tortugas Ninja para morir de ternura cada noche. Quería que él le quisiera, quería que juntos por fin el mar y la plata pudieran encontrarle ese sentido a la naturaleza. No más física, solo la anatomía de dos corazones que bombean.

-Doug, mírame. –Lo separó de él. Dougie alzó la mirada segundos después y le miró, como había pedido.- ¿Te quedaras? –El menor no contestó, se limitó a bajar la cabeza y a asentir levemente. Danny sonrió.- Doug… -volvió a llamar. -¿Puedes regalarme una sonrisa? ¿O es acaso que te la tengo que comprar, chiquitín?

Dougie alzó la mirada a las carcajadas de Danny, y él también rio, dándole un puñetazo en el hombro.

-Te dije que no me llamaras así, canijo.

Danny se sobó el golpe con un ligero "auch" y miro feo a Dougie, antes de que ambos empezarán a reír otra vez, Danny mostrando esos enormes dientes de caballo que tiene, y Dougie con esa hermosa sonrisa que a Danny tanto le gusta.

Y al final, no hizo falta que Danny pagará por ella, un ángel se la regaló.

lunes, 3 de febrero de 2014

Arder

La carne se quema,
los ojos no ven en la oscuridad y arden de la misma manera si les incendias con gasolina.
Creer y ser son cosas diferentes,
un camino de promesas que nunca cumpliste,
¿Quién crees que serás esta noche?
Por qué esta noche deseo dormir.
Caí en cierto vacío,
en cierta oscuridad,
en cierto infierno en tus ojos.

Quieres verte fuerte, no eres más que un niño
Transitando un camino que ya han transitado millones de personas
Y me inventas una historia de amor que nunca creeré,
Solo recuerda que la carne se quema,
Y los ojos nos pueden ver más allá de ella.
De la misma manera que arderían si les llenarás de gasolina.

Me inventas un pasado trágico,
un futuro de mentiras,
y todo lo dibujas con tu estúpida sonrisa intentando hacerme reír
Nunca te pedí que lo hicieras
Porque un día perderé esa luz en mis ojos,
y nuestros cerebros y corazones dejarán de ser fuertes
El tiempo de irse va a llegar, y sigues insistiendo en que no lo hará

Si prometiste no tratar de cambiarme,
Y te dije que no quería que lo hicieras,
¿Podremos dormir sabiendo que la carne se quema?
¿Qué los ojos que brillan también arden, oliendo a gasolina?

A veces creía que podíamos tratar de acoplarnos
Pero yo soy fuego y tu insistes en ser agua,
Agua estancada, podrida
Y nunca podremos encajar, solo recuerda que la carne se quema,
Los ojos arden y nosotros cenizas seremos.
No más que cenizas, que ya puedo ver detrás de mis ojos,
Detrás del fuego que nos consume,
Detrás de mí,
De todo.

Así, simple.

Escucha, nadie va a conocerte mejor de lo que tu lo haces, y si tu no te entiendes ¿Como esperas que los demás lo hagan?