martes, 4 de febrero de 2014

Los ángeles regalan sonrisas. [Parte 6]

Los ángeles regalan sonrisas. Parte 6.


La naturaleza de las cosas está escondida para la vista de cualquiera. Es un secreto, el secreto mejor guardado del universo por el cual siempre estaríamos dispuestos a buscar.

Dougie se remueve nervioso en el sofá medio hundido de Danny, mientras en sus manos tiene una tacita de algo vaporoso y tibio, pero él no parece prestar atención de ello. La otra mano con la que no sostiene la taza está en su boca, bueno, no toda, solos sus dedos se filtran y se remojan con un poco de su saliva mientras se recargan en sus dientes.

El frío no es pesado a pesar de que ha empezado a oscurecer, y las risas de su amigo se han dejado de escuchar hace mucho tiempo. El gorro de lana se ha medio escurrido en sus cabellos, y su mente probablemente esté dando una vuelta completa alrededor de la órbita de la estrella de la muerte, sin siquiera haber dado notas de ello.

Pero, ¿Qué es lo que pasa por la cabeza del rubio? No se lo preguntes a él porque seguro no te contestará, de lo lindo que se sentirá que tu mente este flotando en el espacio. Danny lleva 7 minutos recargado en la puerta de la cocina, observando al renacuajito mirar la televisión apagada. El castaño simula tener un cigarrillo entre sus manos, cuando en realidad lo que tiene entre sus labios es un caramelo. Suelta un humo imaginario que seguramente siente envidia al vapor de la taza de Dougie y le observa de perfil.

Al igual que su pequeño invitado, Danny también está perdido en su cabeza, le gusta perfilar con los ojos la bonita y respingada nariz de Dougie, y ver como sus pestañas se mueven cada pocos segundos, pero sin duda alguna lo que más le gusta de perderse en Dougie es ver sus labios, delgados y bonitos, según él, los cual son la coronación de la sonrisa de la Mona Lisa.

Han pasado algunas cosas dentro de Danny que son inexplicables físicamente, como dos engranes trabajando hacía el mismo lado sin reventarse el uno al otro; Pero no es como que a Danny le interese ir en contra de las leyes de la física, no, pues a él lo único que le importa es seguir viendo esos labios y pestañas bonitas y lo demás se puede ir al demonio.

Dicen que él amor no se encuentra en el corazón, si no en el cerebro, pero entonces ¿Por qué cuando alguien que amas te lastima te duele el pecho y no la cabeza?

El amor es incomprensible. Danny lo ha sabido de sobra toda su vida y parece que Dougie lo está debatiendo mentalmente en este momento. El chiquillo no se mueve ni nota la presencia del mayor en la estancia, se limita a respirar y dejar que su mente vuele memorizando cada peca en el rostro de Danny.

Hace apenas unas horas que ambos tuvieron una plática, no muy encantadora y tampoco muy desastrosa, no para Danny. Pero, algo en el mecanismo de engranes de Doug hizo un "click" en algún lugar nuevo y de caja, donde nunca antes había pasado nada. Para Dougie ese "Click" no fue simplemente un "click" no un sonido, no algo que se pueda sentir, ni oler, era… ¡Era todo junto! Algo en la pequeña cabecita de Doug se encendió, algo que ni siquiera sabía que estaba allí y empezó a despertar otras cosas que nunca debieron, tampoco; Y de repente Dougie tenía toda una feria con montañas rusas y juegos artificiales montada en su cabeza ¡En un segundo!

La pantalla del televisor le mostraba a Danny otro ángulo del rostro del menor, donde podía apreciar en primera fila el flequillo rubio que normalmente le cubría los ojos. Aquella imagen le rompía un poco el corazón, pero se resistía a moverse. Él sabía perfectamente que era ese "click" y sabía cómo se sentía, al igual que, del mismo modo que descubriría Dougie después, tuvo que aceptarlo.

La mecánica con la que gira este mundo es muy curiosa, nunca sabes que te va a tocar. Probablemente eso sea lo emocionante y por lo cual es divertido girar la ruleta. Y también, es curiosa porque todo es azar, la vida se rige en las mismas reglas que tiene: nunca sabes que es lo que te va tocar. A veces esa misma incertidumbre es la que gusta de mortificarte (o en realidad tu gustas dé) cuando no terminas de aceptar esas mismas reglas ya impuestas. Danny había tenido que pasar por esto, solo, y sabía que Dougie tendría que hacerlo también.

Aunque podría omitir ese solo… porque muchas veces las voces internas se convierten en gritos y todo deja de tener sentido propio.

Danny suspiro y metió sus manos a los bolsillos, dando algunos pasos hasta llegar al pequeño Poynter quien al notar su presencia, removió un poco su cabello hasta que sus ojos quedaron tapados por el flequillo.

-¿Puedo sentarme?.

-Adelante, es tu casa… -respondió en tono bajo, haciéndose con un espacio donde pudiera sentarse el mayor.

Danny exhalo un poco, recordando lo terrible que era pasar por todo aquello, solo.

-¿Sabes que la propuesta de que te quedes sigue en pie, verdad?

Un silencio y una removidita incomoda después, Dougie exhalo.

-No sería justo para ti, no sería justo para nadie.

-Doug, ¿Estas bromeando, verdad? Eso no tiene ningún sentido, sabes que yo estaría muy feliz de que Tom y tú se quedaran un tiempo conmigo, lo que en realidad no es justo es que personas como ustedes tengan que vivir en la calle. –El rubio jugueteaba con sus manos sin emitir palabra, pero Danny podría adivinar sin siquiera intentarlo que el enano estaba a punto de echar a llorar.- además ¿Con quién voy a compartir esas rosas que me has vendido tú, si a Harry no le gustan?, y que me has dejado sin dinero, canijo…

-Podrías… comértelas.- Dougie hizo una extraña mueca y segundos de silencio después, Danny hecho a reír como descocido, y como siempre, asustando a Dougie que dio un bote en el sofá y por poco se da una tortada en la cabeza.

-¡Pero que vale, que tu risa me va a provocar un infarto! –Dougie también comenzó a reír, tomándose un poco las tripas para que las sacudidas no le deshicieran nada allí dentro.

-¡No es mi culpa que la ames tanto! –Danny siguió riéndose, sin darse cuenta de que Dougie no lo hizo. Sin más que esas palabras, fue suficiente para comprarle un ticket de ida a Lunalandia a Dougie, a perderse otra vez. -He Doug… enserio, me gustaría mucho que ambos se vinieran a vivir a mi apartamento… por un tiempo, si tú quieres, en lo que se hacen de algo propio o… encuentran algo mejor.

-No Dan, no sería justo…

-¡Y dale con eso! ¿Qué, te tengo que rogar o qué? ¡Quiero que se queden, enserio! Que tú y Tom se queden con nosotros, hay suficiente espacio y me encantaría que se quedaran… Dougie, me encanaría que te quedaras…

El rubio alzó la mirada y Danny distinguió el plateado entre el flequillo. Aquellos ojitos húmedos rogaban por decir que sí, pero el ser humano es terco y Dougie apartó la mirada.

-Lo siento no, no puedo. –Se levantó con intenciones de ir a buscar a Tom y marcharse de allí.

-¿Es por el casi beso de en la mañana? –Soltó Danny de repente, haciendo que Doug parará de huir de él. El rubio no dijo nada y dicen que el silencio otorga ¿No?- ¿Es por eso?

-Danny, tengo que irme.

-¿Te molesta, Dougie? ¿Te molesta sentir eso dentro de ti? ¿Te molesta? ¿Enserio? Porque a mí no me molesta, Dougie, de hecho amo sentirlo.

-¡Deja de hacerlo!

-¿Hacer el qué?- Preguntó Danny con el mismo nudo en la garganta que inmovilizaba a Dougie, limitándose a temblar y a sentir las lágrimas escurriendo por sus ojos.

-¡Hacer eso! ¡Tratarme de esa forma cuando no lo merezco! ¡Deja de hacerme creer que está bien sentir lo que siento!

Pequeñas lágrimas escurrieron por las mejillas del pequeño, estrujándole más el pecho a Danny quien también sentía la lluvia en sus ojos amenazando por desatarse.

-¡No digas eso! –Danny se acercó a paso firme a Dougie, quien se hizo para atrás un paso para distanciarse de Danny.- Escucha, sé que esto sonará muy cliché y cursi y tonto y patoso y lo que sea, porque eso es lo que soy Doug, pero tú eres una persona hermosa, que lo único que no merece es llevar una vida como la que llevas, donde tienes que estar desde que sale el sol hasta que se oculta vendiendo cosas en el frío y soportando no sé qué más. –Lo tomó por los hombros y le zarandeo un poco, solo lo suficiente para tratar que le mirará, cosa que no ocurrió poniendo a Danny más nervioso.- y las hermosas personas como tú deberían estar sonriendo en una casa caliente con personas que los quieren, sintiéndose seguros. ¡No ahí, haciendo trabajos horribles que sé qué haces! Y escúchame bien, Doug, no me importa lo otro, nunca me ha importado, el amar a una persona es entregarte hasta la última migaja de tu ser, procurando lo mejor para ella, y yo te quiero Doug, porque personas como tú y Tom son ángeles tirados a este grotesco mundo al que no pertenecen, y yo no puedo permitir que alguien les arrebate lo poco que les queda. No puedo. –Danny bajo la cabeza, y sus sollozos se escucharon en el silencio profundo de la habitación. Sintió las gotas calientes y saladas escurrirse por su piel manchar el piso en su caída.

-Has… has dicho q… que ¿Me quieres?. –Tartamudeo.

Danny alzó la cabeza y vio en Dougie la desnudez de sus palabras, la inocencia y el deseo de ser amado. Lo vio expuesto, sin coraza, solo un simple corazón latiendo junto a otro. Lo vio llorar, con su pequeño cuerpo sacudiéndose un poco y las lágrimas empapando su ropa, y lo abrazó… riendo.

-Claro que te quiero Doug… -Lo abrazó fuerte mientras el mismo derramaba esas grandes gotas saladas del mar de sus ojos y sorbía la nariz, aun riendo y cubriéndolo, queriendo que Dougie se diera cuenta de que él estaba allí, que de verdad lo estaba.

Dougie también lo abrazó, con la poca fuerza que podía tener pero con un claro mensaje de "no me sueltes" pedido a gritos sordos. Gritos que Danny entendió, porque él muchas veces los había vociferado también. Lo entendía, lo quería, y deseaba ayudarle a enfrentarse con lo dura que es la vida. Quería todos los días encabezar esa lista de cosas por la que las personas son buenas, aunque ni siquiera lo supiera. Quería dormir junto a él con capa y espada esperando a por esos monstruos que le atormenta en esos sueños en los que habla. Quería verle irse a acostar con ese pijama de las tortugas Ninja para morir de ternura cada noche. Quería que él le quisiera, quería que juntos por fin el mar y la plata pudieran encontrarle ese sentido a la naturaleza. No más física, solo la anatomía de dos corazones que bombean.

-Doug, mírame. –Lo separó de él. Dougie alzó la mirada segundos después y le miró, como había pedido.- ¿Te quedaras? –El menor no contestó, se limitó a bajar la cabeza y a asentir levemente. Danny sonrió.- Doug… -volvió a llamar. -¿Puedes regalarme una sonrisa? ¿O es acaso que te la tengo que comprar, chiquitín?

Dougie alzó la mirada a las carcajadas de Danny, y él también rio, dándole un puñetazo en el hombro.

-Te dije que no me llamaras así, canijo.

Danny se sobó el golpe con un ligero "auch" y miro feo a Dougie, antes de que ambos empezarán a reír otra vez, Danny mostrando esos enormes dientes de caballo que tiene, y Dougie con esa hermosa sonrisa que a Danny tanto le gusta.

Y al final, no hizo falta que Danny pagará por ella, un ángel se la regaló.

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